Viaje del alma.
Viaje migrante

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

A Ítalo Tedesco, mentor y guía en mi viaje del alma.

A la memoria de quienes no pudieron llegar a  Ítaca

“Los héroes emprenden viajes, enfrentan dragones y descubren el tesoro de su propia identidad.” Carol S. Pearson (1995:27)

Me interesa descifrar los trazos que dibujan algunas de las huellas que los y las migrantes marcamos en nuestro recorrido. En medio de las múltiples diferencias existentes entre quienes emigran; me pregunto: ¿Cuáles son las vivencias que unifican la aventura? ¿Qué sucede cuando dejamos nuestro territorio? ¿Qué se pierde? ¿Qué se gana? ¿Qué se transforma? ¿De qué manera nos relacionamos con nuestras heridas? El propósito de estas   reflexiones es tratar de visibilizar desde espacios íntimos y simbólicos, a quienes emprenden “el viaje”. También dar cuenta de la importancia que reviste el conocimiento del mundo de la vida de quienes, por diversas razones, se han visto en la necesidad de abandonar su país de origen. Evocando el arquetipo del Viaje del Héroe estudiado por Joseph Campbell, en su libro: El héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito, dibujo un “viaje migrante”. Presento algunas de estas reflexiones en forma de micro-artículos relacionados entre sí pero que a la vez puedes leer de forma independiente. He construido los conceptos de Imaginario Migrante, de Socialización Express y de Vorágine Migrante. También reflexiono sobre lo que denomino Obstáculos Externos y Obstáculos Internos del migrante, para de esta manera explicar algunas de las principales causas del duelo que genera la nueva condición. Asimismo, intento construir algunos de los principales elementos que identifican “el relato de las almas migrantes”.

De mi madre trashumante perdí el miedo a transitar de un lado a otro. En las entrañas de Venezuela la experiencia migrante impregnó mi mundo real e imaginario. Todo esto marcó las reflexiones que sobre el tema inicié como estudiante de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela. En 1987 comencé a recorrer la frontera colombo-venezolana. Recorrido que no se ha detenido. Que no se detendrá. Estoy tejida a las fronteras y al mundo migrante de cualquier época y lugar. En aquellos años era muy joven como para captar en su justa dimensión la sabiduría contenida en cada historia escuchada. Tuvo que pasar una vida en mí, para entender la profundidad de cada palabra. De cada gesto. La Sociología no es ciencia de “niños prodigio”. Hace falta vivir la propia vida para tratar de entender- al menos un poco- la de los otros.

En Caracas recogí historias de gente de distintos lugares de Latinoamérica. También de españoles anclados por aquellas tierras. Luego me fui a México. Allí venezolanos y mexicanos me narraron parte de sus vidas. Desde 2010 estoy en Cataluña. Desde aquí construyo, macero, y expongo estas vivencias hechas tejido y urdimbre. Llevo once años desatando mi propia madeja y escuchando historias de gente de Venezuela, Colombia, Honduras, Ecuador (incluidos los kichwas de Otavalo), Chile, México, Cuba, Uruguay, Paraguay, Argentina, Nicaragua, Perú, Brasil, Bolivia y República Dominicana. De gente de España y de otros lugares de Europa. Fueron muchas las conversaciones casuales con migrantes que hicieron de ésta una experiencia llena de significados.

Observo y soy observada. Percibo y convivo junto a luces y sombras de nosotros todos, independientemente del lado de la acera en que nos ubiquemos. ¿Cuántas historias he recogido? Muchas. Además de los informantes que formaron parte de cierta “rigurosidad metodológica”, cada conversación con amigos latinoamericanos y europeos devino en lugar para la reflexión y el análisis. A eso se añade mi propio “viaje migrante”. Hace más de diez años que reviso continuamente páginas de Facebook donde gente de todos los países de la América de habla hispana que habitan en España, comparten diferentes facetas de su mundo cotidiano. Cuestión que me ha permitido reflexionar sobre la manera en que se aborda el tema desde el mundo virtual.

La literatura, la poesía y el discurso visual con sus imágenes y metáforas, han sido guía esencial en la comprensión de lo que denomino: Imaginario Migrante. Estas reflexiones están impregnadas de vivencias y significados que me identifican como Mujer Latinoamericana. Como venezolana. Como Migrante. Y como una socióloga que intenta transitar más allá de lo visible. Soy en esencia un se­­­r humano que trata de comprenderse y de habitarse  en el  mundo social del cual forma parte. Estoy consciente de que (aunque a veces haya sentido a la misma Ariadna lanzarme un ovillo de hilo en mi andanza laberíntica) no  ha sido fácil enfrentar  mi propio Minotauro.

Desde la Sociología, la Antropología y la Psicología Analítica emprendí una travesía llena de retos . En algunas de las miradas de quienes me contaban sus historias leía cierto ¿y entonces qué? Se suponía que yo era la “especialista en el tema”. Debía tener algo que decir. Explicar. Aclarar. Agradezco esas miradas. No han dejado de transitar conmigo en la búsqueda de respuestas y en la construcción de nuevos interrogantes.

Entretejidas al análisis se encuentran las propuestas teóricas de Erving Goffman, Edmund Husserl, y Alfred Schütz, así como algunos lineamientos metodológicos formulados por Daniel Bertaux. Ellos, junto a otros estudiosos del mundo de la vida, me brindaron pistas de aproximación a las subjetividades de gente que me permitió entrar en su espacio privado. Esas pistas también guiaron mis propias subjetividades como investigadora, y como migrante.  Junto a la Psicología Analítica junguiana, han sido centrales las pesquisas de Joseph Campbell y de Carol Pearson sobre el viaje del héroe. Las de Erich Neumann y sus estudios sobre la gran madre. La Sociología de las Emociones, la Etnografía Crítica, y la obra poética de Gastón Bachelard, sentaron bases para comprender “lo migrante” y sus huellas desde espacios íntimos, sociales y simbólicos.

Joseba Achotegui, entre otros, con sus investigaciones sobre el duelo migratorio y la salud mental del migrante, me abrieron diversas rutas de comprensión y análisis. Fundamentales han sido los pensadores anónimos, gente llena de vida, de alma, y de calle, que compartió conmigo sus reflexiones incitándome a descifrar nuevos enigmas, y emprender nuevos caminos. Te invito a transitar este camino, a seguir descifrando huellas, a comprender este universo amplio y diverso.  Este universo migrante.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

“Ninguna criatura puede alcanzar un grado más alto de naturaleza sin dejar de existir” (Ananda K. Coomaraswamy)

La palabra migración está impregnada de contenidos. Es en sí misma un Continente y el reflejo de una realidad que atraviesa transversalmente a la humanidad toda. Migración es vida. Migración es muerte. Puede salvarnos o convertirnos en una cifra más de fosas humanas eternizadas entre mares y desiertos. Según informe de la ONU, el número de migrantes en el mundo alcanzó los 272 millones en 2019[1]. A este contingente humano se le ha llamado “El Continente Móvil”.[2]

Al observar la repetición de muchas “vivencias migrantes”, desde lo socio-estructural y desde lo socio-simbólico (Bertaux:1988) empecé a cristalizar la idea de  construir un concepto para aproximarme a algunos aspectos esenciales  que constituyen ese “vivir”. Así nace la idea de Alma Migrante, como dimensión explicativa de los aconteceres de quienes marcan el mundo con sus huellas. Pretendo articular vivencias colectivas e individuales que son parte de la esencia migratoria. La psicología analítica junguiana, desde su dimensión psico y  socio-antropológica, expresada en el mundo arquetipal y  en el inconsciente colectivo, es central en este recorrido. Para Jung, los arquetipos son elementos estructurales de la psique. Se perpetúan más allá de nosotros como individuos. Tienen que ver con una conciencia del mundo y sobre el mundo. Son presencias eternas. Imágenes primordiales. Están ligados a la estructura del cerebro, y se entiende como el a priori kantiano. Condiciona los esquemas de pensamiento.

Los mitos, los cuentos y la similitud de los sueños de personas de distintas culturas son para Jung la expresión de lo arquetipal expresado colectivamente. Son imágenes ancestrales que constituyen la base del inconsciente colectivo. Escribe Jung (2009):“Un estrato  en cierta medida  superficial de lo inconsciente es, sin duda, personal. Lo llamamos inconsciente personal. Pero ese estrato descansa sobre otro más profundo que no se origina en la experiencia y en la adquisición personal, sino que es innato: lo llamado inconsciente colectivo.”( p.10)

El Alma Migrante es lo uno. También lo múltiple. Está cruzada transversalmente por los distintos universos de lo humano. Transita en el territorio geográfico-cultural donde la vida sucede. Está representada por  fenotipos impregnados de símbolos que evocan mapas y culturas. Somos  almas y cuerpos migrantes[3].No importa la nacionalidad. El nivel de instrucción formal. Los recursos económicos. Las creencias. Las ideologías. La cultura. Cuando nos convertimos en migrantes, las interrogantes sobre el “sí mismo”, la necesidad de encontrar respuestas y explicar el mundo propio y el que recién se descubre, se convierte en  urgencia existencial.

Preguntarse quién soy, quién es el otro, dejó de ser potestad de filósofos. El nuevo mundo que aparece cuando se cruza “el umbral” en nuestro rito de paso, es ahora la  fuente primordial  desde la cual se construyen pensamientos inéditos. El Alma Migrante erige su propia filosofía. Migrar significa extraer espejos de nuestras entrañas y comprender, a veces de manera feroz,  las capas que cada cultura -incluida la propia- encierra. Capas, a veces despiadadas. A “la vida se suma el agregado migrante. La nostalgia, los recuerdos, los miedos, entre muchas otras emociones, estarán permeadas por la nueva condición que en lo que sigue, sellará nuestro camino, y nuestro mundo interior. El relato de las Almas Migrantes, en medio de sus particularidades,  posee un hilo conductor que da forma a seres colectivos –hoy en día- engendrados y marcados  también por la globalización.

El Alma Migrante aparece en distintas épocas. Culturas. Clases sociales. Migrar significa verse reflejado en un mundo desconocido y, sin embargo, estar conscientes de que sólo perdiendo el miedo a internarse en él, que es lo mismo que viajar a través de nosotros, podremos encontrar la cueva primigenia donde nace el fuego regenerador de la vida. Y de  la palabra cobijo.

 

1.-https://www.un.org/es/

2.-https://www.lavanguardia.com/internacional/20070101/54261510760/inmigrantes-el-continente-movil.html

 3.-Recomiendo la obra escultórica del artista Bruno Catalano, expresión de  “Cuerpos Migrantes”.

 

Bertaux Daniel. (1988).“El enfoque biográfico: su validez metodológica, sus potencialidades” en Acuña Victor Hugo (comp.), Historia oral e historias de vida, Cuadernos de Ciencias Sociales Num. 18, Costa Rica, FLACSO p. 6-80.

 

Jung, Carl G. (2009). Arquetipos e inconsciente colectivo. Barcelona Paidós.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Mi propuesta analítica definida como Alma Migrante no se limita a una disquisición intelectual. Es también vivencial. Percibo al migrante como individualidad y como ser social que pertenece al “continente móvil”. Y que forma parte de una territorialidad geográfica expresada en el lugar donde se habita. De una territorialidad-concreta en la que se desarrollan modos de ser y hacer tangibles e intangibles que se constituyen en “zonas” dentro del país receptor. ¿Qué características tienen estas zonas? Deletrearlas es tarea de migrantes. De autóctonos. Deletrearse mutuamente es tarea imprescindible para interpretar huellas. Es un reto para la existencia y la vida en comunidad.

El Alma Migrante es territorialidad corporal evidenciada en fenotipos que generalmente dan cuenta del lugar de origen. Bien sea como autóctonos o como migrantes, somos cuerpos que dibujan mapas y culturas. Es también territorialidad emocional. Un estadio del ser. Una cultura esparcida por el mundo. 

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

“…el destino ha llamado al héroe y ha transferido su centro de gravedad espiritual del seno de  su sociedad a una zona desconocida” (Campbell, 2017:73).

La aventura está presente en la mitología de distintas culturas. En los cuentos. En las leyendas. En el discurso cinematográfico y literario. En lo que soñamos dormidos. En lo que “ensoñamos” despiertos. Condición retratada por Gastón Bachelard en su obra: La poética de la ensoñación. Independientemente de la nacionalidad, de la cultura, de las condiciones económicas y/o familiares, emprendemos una travesía, pero si además dejas tu país y te conviertes en habitante del “Continente Móvil”, a esa aventura se le incorpora el tránsito por universos desconocidos. A “la vida”, se suma el agregado migrante.

Después de investigar sobre mitologías de distintas partes del mundo, Joseph Campbell en su libro El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del Mito (2017) plantea cómo la repetición de un patrón narrativo aparece alrededor del mundo a través de mitos, fragmentos religiosos, tradiciones y sueños. Es la esencia del concepto de Monomito. Destaca J. Campbell la importancia de las mitologías y la manera en que su estudio podría llevarnos a desentrañar aspectos profundos de la mente humana. Resume la aventura del héroe de la siguiente manera:

El héroe mitológico abandona su choza o castillo, es atraído, llevado, o avanza voluntariamente hacia el umbral de la aventura. Allí encuentra una sombra que cuida el paso. El héroe puede derrotar o conciliar esta fuerza y entrar vivo al reino de la oscuridad (batalla con el hermano, batalla con el dragón; ofertorio, encantamiento), o puede ser muerto por el oponente y descender a la muerte (desmembramiento, crucifixión). Detrás del umbral, después, el héroe avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente (pruebas), otras le dan ayuda mágica (auxiliares). Cuando llega al nadir del periplo mitológico, pasa por una prueba suprema y recibe su recompensa…el trabajo final es el del regreso. Si las fuerzas han bendecido al héroe, ahora este se mueve bajo su protección (emisario); si no, huye y es perseguido (huida con transformación, huida con obstáculos). En el umbral del retorno, las fuerzas trascendentales deben permanecer atrás; el héroe vuelve a emerger del reino de la congoja (retorno, resurrección). El bien que trae restaura al mundo (elíxir)( p.275)

El héroe de las mil caras, es un libro fundamental en el estudio de los mitos. No pretendo reducirlo a un esquema. Eso sí, me valgo de algunos de sus aspectos esenciales para  aproximarme al “viaje migrante”. Reconocer esa estructura en medio de las diferencias de cada migrante, reconocerla en mi propio recorrido, fue una brújula en el camino. ¿De qué manera podemos tomar conciencia de nuestra travesía? ¿Somos conscientes de cada una de las pruebas que en sus formas externa-material e interna-emocional nos ha tocado experimentar en la vida, y como migrantes?

Campbell, J. (2017). El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México D.F. Fondo de Cultura Económica.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

“Ya me voy de estas tierras y adiós, buscando yerba de olvido olvidarte…”  Cabeza de Hacha. Cristino Tapia.

Pareciera que todo empieza después de que a nuestro nombre de pila se le sobrepone el de “migrantes”. Nada más lejos de la realidad. Antes de partir   ya transitamos el universo” “del que se va”. ¿Qué sucede con nosotros en esos momentos? Estamos muy ocupados preparando la partida como para detenernos en exquisiteces existenciales. Nuestra meta es partir. Como en las cintas de una película se editan los impedimentos. La aventura no es cosa de realistas. Si una persona coloca los contras sobre los pros; no se mueve. En esta fase aparecen dos personajes arquetipales fundamentales: el Guerrero y el Mago. La fuerza interna y el poder espiritual nos permitirán realizar hazañas donde muchos han desistido. El migrante se apertrecha de historias exitosas. No hay lugar para el fracaso. La diferencia económico-social entre migrantes ya marca la pre-partida. La situación de legalidad, de capital económico, de apoyo familiar definirá la forma de migrar.

Además un elemento marcante está dado por las diferencias socio-estructurales y socio-simbólicas(Bertaux) propias del “sistema mundo”. Cuando decidimos migrar estamos cargados de profunda emotividad y necesidad de intimación. Al mismo tiempo nos encontramos exigidos por la preparación de la aventura. Quien emprende el recorrido no puede detenerse a pensar en lo que deja. En lo que encontrará. Debe actuar. Pedazos desperdigados ya empiezan a quedarse sin acomodo. Muchas veces no hay tiempo ni real ni interno para recogerlos. Para colocarlos en su lugar.  No hay tiempo para el miedo. Entramos en la Vorágine Migrante, todos y todas parecemos mimetizados en el Conejo de Alicia en el País de las Maravillas.

 

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

“Una vez atravesado el umbral (el héroe) debe pasar por una serie de pruebas…el héroe es solapadamente ayudado por el consejo, los amuletos y los agentes secretos del ayudante sobrenatural que encontró antes de su entrada a la región”. (Campbell, 2017:115)

Cuando sales de tu país ya has cruzado el umbral del que fue tu mundo ordinario. Entras a otra esfera. Muchos migrantes mueren en el camino. Tragados por el mar. Por el desierto. Devorados por otros seres humanos. También muchos -aún marcados por la intemperie- logran sobrevivir. Cuáles arañas construyen la casa-mandala, extrayendo los hilos del abdomen,(1) las historias de migrantes están llenas de hazañas. De proezas. Debe enfrentar los peligros de un mundo divido en fronteras. De un mundo lleno de situaciones adversas. Los denomino Obstáculos Externos. Y a los que habitan en nuestra psique (potenciados por la realidad y por aquello que nos constituye seamos migrantes o no) los denomino Obstáculos Internos. Entenderlos en su justa dimensión se convierte en uno de los pilares para comprender la travesía.

Migrar significa emprender una aventura que como todas estará llena de dificultades en ocasiones materializadas de manera perversa. Pienso en los africanos. Sus recorridos para tener la posibilidad de arribar a una patera o de saltar la valla entre Melilla y Ceuta, son dignos libretos de películas de terror. El Monte Gururú es la materialización del Purgatorio(2). Allí mal viven escondidos. Expuestos al hambre. Al frío. La policía marroquí es su principal enemiga. Alma y cuerpo físico sufren quiebre y persecución. Pero ante el riesgo de la muerte está el sueño por la vida.

Pienso en los centroamericanos como pasajeros improvisados en los llamados Trenes de la Muerte atravesando México rumbo a los Estados Unidos. En los mexicanos y centroamericanos fallecidos a causa de los ardores del desierto (3)En el cruce de fronteras la crueldad no tiene nacionalidad. Una travesía que empieza de la mano de los “compatriotas” que forman mafias para posibilitar el cruce. Y pienso en los venezolanos cruzando con los pies descalzos y heridos, rutas de intemperie e incertidumbre.

Los Obstáculos Internos están constituidos por aquello que desde el interior de nosotros limita la continuidad de la travesía. De la vida. Algunos los traemos instalados. Otros pueden aparecer en el proceso originado por los Obstáculos Externos. Por ejemplo, migrantes que no poseen documentos en regla, generan paranoias ante el temor de ser deportados. Ésta se instala en otros espacios de la vida. El miedo no tiene poder de discernimiento, pero el sueño y la necesidad de sobrevivencia es hacedora de viajes heroicos convertidos en historias escritas con pasos y huellas migrantes.

 

1.- En  el hilo  la araña se teje su  mundo. Si no tiene alimento, la proteína contenida allí le sirve de nutriente. También de transporte. Hay una especie, las llamadas arañas voladoras, que  recorren miles de kilómetros  saltando a través de aquel hilo convertido en alas. Como el salmón, la araña  nos enseña en profundidad elementos que nos sirven para entender la condición migratoria. Al estilo de Gastón Bachelard, podemos “ensoñar” con ese salto.

2.-El Monte Gururú está ubicado en la Costa Norte de Marruecos. Sirve de refugio a migrantes provenientes del África Subsahariana, que esperan el momento oportuno para saltar la valla de Melilla que separa a Marruecos de España. Allí viven en condiciones infrahumanas. La policía marroquí realiza las llamadas “rasas” destruyendo los improvisados campamentos hechos de cartón, plástico, o lo que les permita un poco de abrigo. Mendigan comida. Muchos van heridos de los golpes que reciben por parte de la policía. Golpean sus piernas hasta resquebrajarlas y limitarles el vuelo hacia el sueño europeo.

3.- Estos episodios los relato en mi artículo“¿Que por qué me voy al Norte? Pos a buscar la tortilla. Mexicanos que cruzan hacia Estados Unidos”. Publicado en la Revista Anthropos.

Por Elizabeth Cardozo

En el proceso pre-migratorio se tejen sueños en torno al nuevo territorio. Se empieza a ser migrante en la toma de decisiones. El Imaginario Migrante es una condición que aparece cuando nos proyectamos en tierras diferentes a la nuestra. Es vital para el despegue. El migrante se apertrecha de historias exitosas. A pesar de la cruda realidad  que muchas veces comporta  la partida;  prevalece una idea de triunfo que se mide en bienestar económico y profesional. También amoroso. Las redes sociales lo refuerzan. Facebook e Instagram se han convertido en vidrieras para retratar la vida en “postales de felicidad”.

El Imaginario Migrante tiene que reinterpretarse. Interrogarse. Desestructurar lo dado. Entrar en un proceso analítico a través del cual podamos re-leer cada una de sus partes. Entre todos los componentes de este imaginario, es importante destacar la manera en que  deseamos ser vistos. En el Imaginario Migrante la “derrota” (entendida como falta de bienes materiales) no está permitida. Hay quienes prefieren ser testigos del entierro de su alma en tierras lejanas a “volver fracasados”1. A todas las implicaciones que tiene dejar el país de origen, se suma el “deber ser del migrante”, quien termina haciéndose responsable de la reproducción de una creencia. Desempeñamos roles para que la trama de la vida siga su curso. Quienes hemos migrado actuamos como agentes motivadores del sueño. Motores para dar el salto.

Entendí que las “vidrieras de la felicidad” mostradas en redes sociales, más allá de manifestar que “lo logramos”, que “hemos triunfado”, de mostrar la manera en que deseamos ser vistos, cumplen un importante rol en la confección del relato migrante.  Roles que el flujo migratorio demanda para seguir su curso. Quien ha cruzado el río, debe mostrar cómo se hacen las barcas, aunque estas, muchas veces, pertenezcan a un mundo  imaginario. En ocasiones, inexistente. Debe hablar de posibilidades, no de obstáculos.

 Lo dicho, no es más que uno de los tantos ejemplos que nos identifican como parte activa de la estructura social, como bien lo retratara Anthony Giddens en su obra: La constitución de la sociedad: bases para la teoría de la estructuración. (1995) Al arribar al nuevo territorio pasamos “al otro lado”. No transcurre mucho tiempo para que el  mundo ideal construido como motor del impulso pierda parte de su magia. Los y las migrantes  nos enfrenta a ciertas verdades. La magia no existe. Sin embargo esto no limita que la dinámica del Imaginario se reproduzca. El nuevo migrante será entonces protagonista de la imagen de las postales de la felicidad que una vez le motivaron. Postales que cumplirán un doble rol: He triunfado. Lo logré. Y a la vez, servirá para que la reproducción social siga su curso. Son los secretos sociales. Secretos a vox populix. Todos lo saben. Pocos lo dicen. No se puede matar la ilusión. Se negocia para seguir construyendo sueños. Para continuar la existencia. 

Con esto no intento transmitir una imagen pesimista de la migración. Son muchas las  historias exitosas según los cánones que entendemos como éxito. Pero no es la realidad de la gran masa migrante, (ni de la gran masa universal) sin embargo, el peso simbólico de quien ha tenido “éxito” a la hora de migrar, es determinante. ¿Y quién puede criticar o coartar la necesidad de este impulso? En medio de la pobreza, la exclusión, la marginación, aunque se esté arriesgando la vida, y se presenten las pruebas en el camino, nadie puede arrebatarle al migrante ni a cualquier ser humano, el derecho de soñar.

 

–Esto lo pude corroborar  a través del Taller de  Investigación: “Narrar la vida desde América Latina”, impartido en la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela entre los años  1998-1999. Se entrevistaron migrantes de distintos lugares de América Latina y Europa que vivían en Venezuela. En algunos casos en condiciones difíciles. El hecho de enfrentar “el fracaso” era una de las  limitaciones para pensar en la vuelta.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

El imaginario de la partida es el anclaje de la díada demonización y sobrevaloración. El lugar que se deja está impregnado de “contras”. Sus dificultades son recalcadas con fuerza. En cambio el nuevo país es convertido en el lugar de las oportunidades. Me decía Sara una indígena ecuatoriana radicada en Barcelona: “venía a España y creía que las calles eran todas de oro. Me sorprendí cuando las vi. Eran de cemento como las de Otavalo”. El mito de El Dorado se reedita. Esta vez hacia el otro lado del océano. El tiempo enseña que las “calles de  oro” no existen. Y que el terruño también guarda  lugares de cobijo.

El arquetipo de la Gran Madre, planteado por C.G.Jung y desarrollado por su discípulo Erich Neumann1 nos proporciona elementos de análisis. Salir del país es  dejar la casa grande buscando mejores condiciones de vida. Estas salidas pueden estar  marcadas por la sensación de abandono por parte de la Madre-Patria; que muchas veces se convierte en Madre Terrible. La que devora si permaneces en su seno. En tanto la que está por venir, la desconocida, ofrecerá en el imaginario la oportunidad de abrigo. A Mayu Quiñones, un minero boliviano radicado hace más de treinta años en Barcelona, sus padres le advirtieron que no viviría mucho. Estaba destinado a morir joven, el sino  de los hombres de aquellas  minas. Me contó que al cumplir treinta años lloró y pidió perdón a la Madre Tierra. “Perdóname Pachamama. Perdóname; pero debo irme. No quiero que me comas. No quiero que me lleves. Quiero vivir. Quiero recorrer el mundo”2, le dijo. Mayu tiene más de treinta años en Barcelona. PachaCataluña lo salvó. A ella le agradece haberle regalado el mar.

Con el tiempo  vuelve la edición. Los recortes. Pero desde otro lugar.  Ya hemos conocido una versión inédita del desamparo. El que se siente cuando nada de lo que te rodea guarda la memoria de tu historia. Comprendemos que los tentáculos y aquello que nos engulle, no es sólo cosa de la traición de nuestra Matria. Que  los tentáculos en el lugar de llegada tienen otras formas. Que no estamos salvados. Aprendemos que esos tentáculos no atacan sólo a los migrantes. Que la Madre Terrible, también devora a sus hijos. Que la intemperie no es exclusividad de migrantes.

Cuando el desamparo, como en la mayoría de los casos, se vive desde la marginación y la exclusión, muchas veces  corremos  a guarecernos en el lugar de la psique habitado por el terruño. El lugar inmutable del país de los sueños. El lugar del siempre. Y la madre aquella, la que se dejó; la que abandonamos porque antes nos abandonó, reaparece cubriéndonos con su manto3. Cambian los papeles. Es  el país de acogida el que toma el lugar de la Madre Terrible. El problema es cuando la psique permanece anclada en lo bueno o lo terrible sin la capacidad de desatar nudos. De recolocarse. De reinterpretarse.  Hay quienes  llevan  una vida suspendida. Una vida entre  dos madres terribles.  No logran anclarse en el sitio de acogida.  A la vez siguen marcando distancia con la Madre primordial. Han sido historias muy conmovedoras, envueltas en sentimientos de “suspensión”. De desarraigo. De estar sin ser.  De lo escindido. Son dramas. Heridas punzantes en las que habitan múltiples Almas. Habría que seguir indagando sobre la vida de estos seres condenados al “limbo”. Condenados al limbo migrante.

 

 

1.- Plantea Jung(2009) Lo «maternal»: (es) por antonomasia, la mágica autoridad de lo femenino; la sabiduría y la altura espiritual más allá del intelecto; lo bondadoso, protector, sustentador, lo que da crecimiento, fertilidad y alimento; el lugar de la transformación mágica, del renacer; el instinto o impulso que ayuda; lo secreto, escondido, lo tenebroso, el abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, seduce y envenena, lo angustioso e inevitable·(p.79)

2.- Mayu forma parte del grupo musical kichwa Charijayac. Con ellos ha recorrido Europa llevando la música indígena por distintos lugares del mundo. De voz de Mayu escuché Imagina de John Lennon en Quechua (es boliviano y habla Quechua, a diferencia de los otros integrantes del grupo que son kichwas-otavalo  y hablan kichwa)

3.- Estos lugares de cobijo pueden  haberse resquebrajado profundamente. Es el caso de países en guerra, dictaduras, hambrunas, etc. Pero aún así, en el imaginario habrá espacio para sentir el arrullo  de la casa. De la Gran Madre protectora.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

“Yo, preparando la despedida. Cerrando, vendiendo, regalando, botando, soltando” (Jessie, Venezuela)

Aunque en la mayoría de los casos en un primer momento no se tenga conciencia de ello, una de las heridas fundamentales del migrante es abandonar la Tierra Madre. La que te vio nacer. El lugar en el que se condensan las miradas esenciales. El primer cielo. El  agua. El fuego y el aire. El todo. Madre Tierra y Madre Carnal, se hacen una. En la mayoría de los casos, la partida no sólo ocasiona la pérdida del territorio y lo que ese espacio implica, sino (sobre todo para quien migra pasada la juventud) lo que somos como seres sociales. Como seres del mundo. Como seres labrados en la más profunda intimidad. Llegamos a un lugar donde se ha construido una historia tejida con letras que pertenecen  a un abecedario que desconocemos. Se supone que muchos tenemos una edad donde “todo” debe estar aprendido. Aprendido lo “de allá”, aquello que dejamos. Y “lo de “acá”, eso que encontramos. Deberíamos estar legalizados. Socializados. Institucionalizados. Estabilizados. Deberíamos saber cómo es que vamos a salvarnos.

 Intentamos a veces con desesperación, embarcarnos en  un tren que  para nosotros “lo contiene todo,” pero al que no podemos acceder. Para ello necesitamos obtener un ticket que se adquiere sólo con el tiempo. El tan nombrado “proceso de socialización” se convierte en socialización sin proceso. Es necesario -más bien obligatorio, aprender. Observar. Insertarse. SER de inmediato. Despojarse de gran parte del equipaje emocional y vivencial que  se trae porque en muchos casos no es lo que funciona. Y construir de manera rápida los requerimientos del lugar de llegada. Urge realizar una Socialización Express, entendida como el proceso a través del cual nos vemos obligados a actuar como autóctonos  desde el momento de  la llegada. Pero ¿Cómo se da este proceso? ¿Cuáles son las “estrategias migrantes” para insertarse?¿Para caminar descalzo y a ciegas en un terreno desconocido? Responder estar interrogantes se perfila como una de las tantas tareas a seguir desarrollando.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Silvina una mujer uruguaya de esas que porta arrugas convertidas en surcos de sabiduría; me dijo: “migrar es cambiar el destino”. Sí; se cambia el destino. Es como volver a nacer. Pero se nace con memoria. Es un estadio donde las reflexiones sobre el ser, el sí mismo, y los otros, están condicionadas por la necesidad  de penetrar en un universo que necesita ser explicado. Significa reinterpretar la memoria familiar, socio-cultural e histórica. Cuales serpientes, hemos de experimentar el ardor  que ocasiona  frotar el cuerpo contra las rocas hasta soltar la piel. La travesía migratoria está marcada por la transformación. Por el cambio. Y  en aquellos migrantes  a quienes la travesía le ha resultado una quimera, muchas veces les asalta la pregunta…¿Habría sido más feliz en mi país?

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

No es el racismo. Tampoco la xenofobia. No son las diferencias culturales. Ni la nostalgia. Ni la falta de la familia.  Ni de los amigos. Después del cruce de fronteras  la intemperie es el mayor de los monstruos de la migración. Es capaz de destrozar la psique. De acabar con cualquier travesía. Tener la sobrevivencia resuelta es vital en cualquier lugar. En cualquier  circunstancia de la vida. Pero más aún en situación migratoria, porque cuando esa intemperie  se instala  en el alma  del migrante, el cielo deja de ser cielo. El mundo ya no es mundo, sino un gran descampado donde ni siquiera la tierra  es capaz de sostener nuestros pasos. Cuando la intemperie se impregna en los huesos hasta horadar los cimientes del corazón  y  se convierte en desnudez y vacío absoluto, la muerte del alma podría estar decretada…son muchas las almas  migrantes rotas que he visto transitar por las calles recitando intemperie.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

El Síndrome de Ulises es el conjunto de síntomas presentes en migrantes que se enfrentan a un nivel de estrés mayor a su capacidad de adaptación. Es el duelo migratorio llevado a su condición extrema.  J. Achotegui toma como imagen la travesía de Ulises en su intento de regresar a Ítaca. Destacó siete procesos que caracterizan al duelo del migrante. Estos son: La pérdida de la familia y de los amigos. De la lengua. De la cultura. De los paisajes. Del estatus social. Del contacto con su grupo de origen y de la seguridad física, traducida en el miedo a la deportación y reforzada cuando se han realizado viajes peligrosos para arribar al país de destino.
Los síntomas que con mayor frecuencia se presentan son: tristeza, llanto, culpa, ideas de muerte, ansiedad, tensión, nerviosismo, preocupaciones excesivas y recurrentes, irritabilidad, insomnio,   y en general, presencia de somatización en cefaleas y fatiga.

  1. Achotegui señala que muchas veces a los migrantes se les diagnostica como deprimidos y que sin embargo no se puede considerar deprimido o deprimida a una persona proactiva y llena de ilusiones. Que tiene deseos de luchar. De superar obstáculos. Que presenta un abatimiento producto de circunstancias externas ocasionadas por una realidad hostil1.La diferenciación entre depresión y duelo migratorio que hace J.Achotegui me parece bastante acertada. Cuando el duelo migratorio pasa a una situación mayor entonces, según señala el mismo autor, el migrante sufre de Síndrome de Ulises.
  2. Joseba Achotegui. “La crisis como factor agravante del Síndrome de Ulises”, Temas de Psicoanálisis, Número 3, año 2012.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Siempre me han impactado los seres que, mirándose en espejos de alma rota, deambulan enajenados por la calle. Ver esto en situación migratoria, aún más. Una de las frases que más me ha conmovido en este andar fue la de una mujer ecuatoriana que me dijo: “tengo veinte años triste”. La que escuché a otra de Argentina: “la migración no debería existir. Se pierde todo. No se gana nada”. La más contundente fue la de una dominicana mientras subía de forma precipitada el ascensor hacia su lugar de trabajo: “Aquí no se vive. Aquí se agoniza”[1]. Y la de otra dominicana que estaba enferma, y aún así desempeñaba sus obligaciones laborales: “me duele hasta la ropa que llevo encima”. A continuación relato mi experiencia con un migrante africano, que perdido en su mundo, deambulaba por las calles de Barcelona.

-El vuelo de Youssou

Como muchas otras veces amarré los cordones plateados de mis zapatos  azules. Me fui a caminar. Recorría la Gran Vía de Barcelona. A lo lejos divisé la figura de un africano. Con una bandera catalana convertida en alas corría con los brazos abiertos. Varios pañuelitos rojos enlazados en las piernas daban un aire casi mítico a su figura. Me quedé paralizada ante aquella imagen. Pasaron por mi mente siglos de historia. Por su larga y delgada estampa parecía senegalés. Youssou le llamé. ¿Dónde se te quedó la psique Youssou? ¿Acaso en las cuevas del Monte de Gururú? ¿Navegó en el agua junto  a tus familiares y amigos que desaparecieron en el naufragio?

 Y me digo no. Para llegar acá, para pisar el territorio europeo; tenías memoria.  Tu alma todavía  transitaba con cierta lógica por el mundo de las imágenes. Porque para saltar la valla hay que tener fuerza. Porque cada migrante a duras penas puede cargar consigo mismo. Y ninguno de tus compañeros de tránsito, ninguno Youssou, tenía forma de levantar  tu psique maltrecha, ni tu  atlética estampa, cuando a duras penas levantaban su propio cuerpo. Dibujando una  sonrisa que quizá lo llevaba hasta África, Youssou continuó su vuelo.

 

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

“Y mi hijo me dice: ‘Mamá vuelve. No me mandes más zapatos. Vuelve…vuelve’. Alicia la paraguaya.

Cuando en España el sector inmobiliario había mermado producto de la crisis,  fueron los trabajos desempeñados por las mujeres los que se convirtieron en motor de la economía familiar de muchos latinoamericanos. La industria de la  construcción decayó, pero las exigencias de los hogares para el cuidado de niños y ancianos continuó su curso. ¿El precio? Altísimo. Muchas de las mujeres que entrevisté estaban separadas de sus hijos. Convertidas en proveedoras de la familia, a costa de “la vida”. De su maternidad. Siempre hay alguna razón económica que hace que se sigan manteniendo fuera de su país. Terminar de pagar las deudas del viaje. Comprar la casa. Pagar los estudios de los hijos. Son las Ifigenias de la migración. Este tema queda muy bien retratado en el documental de María y Marcos Hervera, titulado: “Avión: un pueblo ausente”, donde relatan experiencias de la migración gallega.

 Pero el sacrificio no es sólo de ellas. También lo es de los hijos. De la familia. Casos de hijos  que han dejado los estudios, de jovencitas que se han embarazado; son narrados con profundos niveles de desazón. Nada ha valido la pena. Son madres que se han sacrificado por unos hijos desconocidos y que las desconocen. Hijos convertidos en amadísimos extraños. Así me lo contó Alicia,  una paraguaya que después de diez años en España, sin poder visitar a  su familia por falta de papeles, me  narró con desazón la manera en que su hijo de doce años le decía: “Mamá vuelve. Vuelve, no me mandes más zapatos. Vuelve.”

Al dolor de esa separación se suma en algunos casos los conflictos que  pueden tener padres e hijos luego del reencuentro. Niños que llegaron a la adolescencia lejos de sus padres. Padres que no participaron de manera directa en el proceso de crecimiento. Estas rupturas se convierten en  heridas profundas, en muchos casos  difíciles de cicatrizar.  Todo esto lo destaca también J. Achotegui en su libro: La inteligencia migratoria.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Y la vida transcurre imaginando el retorno. Hay quienes no se atreven a abrir sus maletas. No encuentran el anclaje en la nueva casa. Tampoco regresan. El espacio vital no es construido. ¿Cuáles son las razones para que la migración transcurra de esta manera? ¿Cuánto hay de exterioridad? ¿Cuánto hay de interioridad? Para muchos latinoamericanos -especialmente para los ecuatorianos- la crisis española de 2008 se convirtió en el impulso que permitió que la decisión de volver a su país se hiciera realidad. El paso que por sí mismos no se atrevían a dar.

Siempre hay algo que  te hace  pensar en la vuelta a tu tierra. También algo que te impulsa a permanecer fuera. En países como Venezuela, Colombia, Brasil, México y  Honduras,  entre otros, donde los índices de violencia social son elevados con respecto a España, una de las razones para descartar el retorno es  el de la inseguridad. Muchos de nosotros sanamos de  la paranoia que  de forma constante nos persigue en  nuestros lugares de origen. Pensar que la violencia social vuelva a formar parte de  nuestro mundo cotidiano,  y más cuando se tiene hijos, convierte el retorno en una quimera.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

En una entrevista Mario Benedetti comentó: “migrar es cosa de jóvenes”. Ciertamente el significado que tiene hacerse en un lugar desde el ímpetu de los años mozos, dista mucho de las implicaciones que tiene este proceso para quienes “dejando una vida hecha” han de reinventarse. Volver a hacer la tarea ya realizada. Cuando empecé mi ruta migratoria un sueño se me hizo recurrente. Llegaba conduciendo un coche viejo a la puerta de la Escuela Rural anclada entre montañas venezolanas, donde aprendí a leer. En  el sueño, extrañada  y alarmada me  decía: ¡Ya estudie aquí.! ¡Ya lo hice!. En el camino he comprendido el valor simbólico de esas imágenes. He comprendido que la migración implica un nuevo proceso de socialización. Pero esta vez no es desde la candidez de la infancia. La migración implica una nueva escolarización. Una resocialización sin dejar de  SER.  Debía aprender  un mundo de cosas desde mi carro viejo cargado de historia. Entendí que en situación migrante,  la frase “comenzar de cero” debe ser releída. Que este cero no puede ser visto como sinónimo de “nada”. Mucho menos de vacío. Está lleno de contenidos. Es un cero a la derecha. De esos que suman. Un cero que se expande  para convertirse en rueda de la vida.

Habría que ahondar en lo que significa  la migración cuando ya no se tiene  la edad; ni  las fuerzas; ni las oportunidades para entrar en el mercado laboral. La frase “ yo era” fue  una de las que más conmovedoras que escuché. Fue repetida por varias de las personas que  se dedicaban a  oficios distintos a aquellos para los que se prepararon. Por supuesto, siempre estará el agradecimiento por tener trabajo. La posibilidad de sobrevivir. Pero cuando la “reinvención” está atravesada por el abandono del sí mismo, y no se está conforme, alguna parte del alma  estará permanentemente recitando vacío.

 

Déjame viví chica! ¡Déjame viví!”

En  Cuba era  una conocida actriz de teatro. En Barcelona como mucha gente (de aquí y de allá) debía “buscarse la vida”. Me  hablaba desde el dolor que le significó abandonar su carrera. Con el carácter histriónico que la caracterizaba  me escenificó la manera en que le gritó a su actriz ¡Muérete chica! ¡por favor, déjame viví! ¡déjame viví! ..me miró con una tristeza  atávica. Con un acento cubano que  le salía desde las entrañas: gritó:  “¡Y tuve que enterrala!¡Tuve que enterrala chica!..Tuve que enterrala… pa´ que me dejara viví,” dijo  entre gritos, pausas y quejumbre.

Dejar de “ser” es  otro de los obstáculos que puede destruir el alma del migrante. Verse en la obligación de  colocarse un traje desconocido. Incómodo. Apretado. Un traje que   ayuda a proteger del frío, que es capaz de  abrigar una parte del cuerpo, pero que no llega a otras capas más profundas donde quien transita es la intemperie. ­­­Se evidencia la diferencia vital entre el relato migrante de quienes realizan oficios  para los que se prepararon, o realizan actividades  donde se sienten satisfechos, y quienes no. Esto no es una situación experimentada sólo por migrantes. También muchos autóctonos recitan intemperie.

En la migración lo inmediato cobra fuerza ante lo  importante ¿Pero qué es lo más importante? Siempre será la vida y resolver las necesidades primarias.  Sí. Siempre lo será. El reto está en buscar la manera de proteger ese rincón del alma donde no llega el cobijo. Significa entender que la intemperie en cualquiera de sus presentaciones siempre existirá. En tu país o fuera de él. El reto está  en  ser capaz de detenerse a  observar  el ropaje que lleva. ¿Cuál es su color?¿Dónde y de qué manera se deposita el vacío?¿Cuáles son las características de mi  intemperie migratoria?[1]

 

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Desde que sales de tu país la otredad será tu destino. Serás migrante también en tu propia tierra. No sabes cómo pasó, pero recibiste una carta de identificación que te hace parte del “Continente Móvil”. Eres una de las tantas huellas en tránsito. Hacerte migrante en tu propio país no  se manifiesta sólo en el hecho de haber adquirido nuevos modos y estilos de vida. Que los tuyos te parezcan diferentes y que de la misma manera les parezcas a ellos. Es parte de la andanza migratoria. Su naturaleza. Dicha “extranjerización” también tiene que ver con el hecho de que no has sufrido los dolores ni  gozado las alegrías “in situ”. Por más que los migrantes podamos vivenciar con profunda emocionalidad lo que sucede en nuestros países; siempre será para los otros lo vivido “desde fuera”. Y eso no deja de ser cierto. Cualesquiera sean las razones y/o circunstancias hay una verdad: has abandonado la casa. Existe una especie de “castigo” por haber abandonado el terruño. Y es bidireccional. Del migrante consigo mismo. Y de quienes de una manera no siempre consciente le hacen sentir el abandono.

Frases como “tú no sabes lo que se siente porque estás fuera”. “Tú no puedes opinar”. Son constantes. En los migrantes esto, en algunos casos, genera culpa. Culpa por  haber perdido pedazos de vida que son irrecuperables. La vida no vivida en el terruño te hace extranjero. Los hermanos, los sobrinos, primos, los amigos,  se convierten en seres de la distancia. Son otras de las grietas dibujadas como tatuajes lacerantes en la piel de las almas migrantes

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

A Pacha-Cataluña.

 “Y aquella abuela que yo acababa de conocer aquí en Barcelona, me llevó a su casa, me ayudó. Me enseñó cómo eran las cosas por acá. Fue como una madre. Eso no lo olvidaré”. (Victoria de Perú)

Destaca J. Campbell, que en la travesía el héroe encontrará un mentor que lo entrena para la aventura. Para el desafío. Debe enfrentar pruebas. Aparece una figura mística que le proporcionará las armas para vencer al enemigo. El héroe comienza a descubrir su coraje a través de la comprensión de códigos hermandad. Le encuentra sentido a su viaje. A su existencia.  Vence los dragones y regresa con el tesoro. Se cree en la humanidad. La casa del alma exterior e interior se hace una. Simbólicamente es la experiencia transformadora materializada en la vida real.

A través del encuentro con aliados, mentores, ayudantes, se tejen historias llenas de optimismo. Siempre se alude a alguna experiencia sobre la manera como alguien nos asistió en momentos difíciles. Los relatos que he recogido están impregnados de episodios que nos renuevan la fe en la condición humana. En el mundo mágico. Una familia de kichwas-otavalo me contó que llegaron a Barcelona sin tener lugar adonde ir. Un banco de Plaza Cataluña fue el lugar de refugio. Allí se instalaron convencidos de que alguien les ayudaría. Y así fue. Un paisano se les acercó y les dio cobijo en su casa. De allí sigue una historia de pruebas. De agradecimiento en medio de las dificultades. Y a la vez se reproduce la necesidad de retribuir lo recibido. Una cadena de favores refuerza y da vida al papel de los mentores.  La ayuda institucional también es destacada por algunos migrantes. Isabel es ecuatoriana, a los pocos días de llegar a Barcelona, cruzó la calle cuando no le correspondía. Un policía le gritó llamándole la atención. Se acercó a ella. El hombre se dio cuenta de que lloraba. La tomó de los hombros y le dijo: “mujer, no llores”. Y fueron varias las palabras de aliento. Ese episodio la marcó. Isabel me decía que cuando algo malo le sucede se dice que no va a permitir que nada ni nadie le arranque todo lo bueno que esta tierra le ha dado. Y así como la de ella, podría contar historias. Anécdotas. Amores. Situaciones que desdibujan la nacionalidades. Mayu Quiñones, el boliviano que le pidió perdón a la Pachamama antes de dejarla, me dice que Barcelona le ha dado además de su familia, la posibilidad de tener el mar. Cosa grande para cualquier boliviano.

En Barcelona realicé historias de vida a mujeres migrantes que han sufrido de   violencia machista. Auristela, una peruana que asistía al Servei d`Atenció, Recuperació i Acollida  (SARA) me dijo:

 

Llegué deshecha al SARA. Vivía con un maltratador, no tenía trabajo. No me podía regresar a Perú porque él me amenazaba con quitarme a mi hijo. Cuando llegué aquí, me atendió una trabajadora social, una muchacha de acá. Nunca olvidaré cómo me miró. No hacía falta que contara nada. Ya ella se imaginaba mi historia. Me dijo: ´no estás sola, esta es tu casa, nos tienes a nosotras´. En ese momento sentí como que la tierra se abría y algo grande salía de allí. Ya no me sentí tan sola.

 

La de Auristela fue una de las tantas historias de este tipo, que escuché. Sus relatos estaban impregnados de agradecimiento. Manifestaban cómo en medio de sus dramas conocieron de una protección que desdibuj  nacionalidades. De un apoyo que habla desde el lenguaje del corazón. De un mundo donde nos sentimos todos iguales. El amor y la solidaridad venga desde donde venga, es la manifestación de la presencia del Tesoro.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

“Cuando la misión del héroe se ha llevado a cabo, por penetración en la fuente o por medio de la gracia de alguna personificación masculina o femenina, humana o animal, el aventurero debe regresar con su trofeo para transmutar la vida” (Campbell, 2017:223)

El regreso de Ulises a Ítaca es la expresión simbólica de la vuelta a casa.  De nuestra capacidad de llegada a la casa interior. ¿Podemos transformar el duelo migratorio en proceso de individuación? Si por un lado existen personas que dicen: “tengo veinte años triste”, que tejen alfombras con pétalos de Margaritas arrancados en la incertidumbre del  “me voy”; “me quedo”, hay quienes  en medio de las implicaciones que tiene convertirse en migrantes han logrado tejer nidos. Cuando la  intemperie ya sea  material o emocional se convierte en el centro de la vida, es difícil pensar en  algo más allá de la  sobrevivencia. Más allá de la protección del cuerpo. De la  protección psique. Con esto no quiero pecar de un reduccionismo economicista, pero quien tiene que pensar si podrá alimentarse  cuando despierta, o si será deportado, cualquier otro tipo de pensamiento resulta “exquisito”. Si no se poseen las condiciones mínimas, cualquier letra, incluyendo ésta,  se convierte en palabra hueca.

Para esta investigación no sólo registré historias de frustraciones. Miedos. Desencantos. También hago alusión a casos donde el duelo migratorio ha logrado superarse. Donde la migración se ha vivido como  la gran experiencia de la vida. Esto  no excluye  dolores. Nostalgias. Ni  la presencia de  obstáculos exteriores e interiores. No excluye la añoranza hacia el terruño. Ni la herida de la migración. Pero la  vivencia ha sido procesada como parte de la   aventura ¿De qué manera las personas se van “haciendo lugar”? Escribe Carol Pearson (1989)

Los héroes emprenden viajes, enfrenta dragones y descubren el tesoro de su verdadera identidad…aunque pueden llegar a sentirse muy solos en la travesía, al final de la misma la recompensa es una sensación de comunidad: consigo mismos, con otras personas y con la tierra. Cada vez que hacemos frente a la muerte-en -vida, enfrentamos un dragón, y cada vez que elegimos la vida sobre la-no vida y profundizamos en el constante proceso de descubrimiento de quiénes somos, vencemos al dragón; producimos nueva vida para nosotros mismos y nuestra cultura. Cambiamos el mundo (p.27)

Cuando esto sucede, cuando las personas logran encontrar el asiento lo primero que pensamos es que han contado con recursos afectivos y/o materiales para que esto sea posible. Tener lo estructural resuelto para que la vida transcurra es esencial.  Pero también es cierto que no siempre quien tiene garantizada las bases de “la buena vida” logra la llegada a  la casa del alma. Es así en la migración. Así es en la vida.

¿Por qué no pensar que se pueden vencer los obstáculos? Que podemos construir el territorio interior. Hacernos de un “lugar”. Sentirnos parte de la nueva tierra. Decidir independiente de los otros si emocionalmente somos o no extranjeros. Ser capaces de mirarnos como seres universales. Son muchas las historias recopiladas de solidaridad y buenaventura. Lo que sucede y nos sucede en general a los investigadores e investigadoras es que son tan desgarradoras las experiencias de aquellos para quienes esa “llegada” ha resultado una quimera, que es natural que  nos coloquemos allí en busca de saberes y  soñemos en  soluciones.

 

Pearson, Carol .(1995).  El héroe interior. Madrid. Editorial Mirach.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Me contaba Diana una mujer de Colombia, que el día que recibió la nacionalidad, se dirigió hasta el mar a conversar con Barcelona. La amada ciudad. Tomó su Documento Nacional de Identidad, se lo adhirió al pecho y se bañó en El Mediterráneo. Fue un bautizo. Un ritual de arraigo en la tierra que la recibía. Me dijo que independientemente de que hacia el exterior siempre sería “la colombiana” ella se sabía hija de Barcelona. Que era hija de la tierra.  Que era de aquí. Que era de allá. Que no estaba perdiendo nada. Que lo estaba ganando todo. “Decidí que nadie era extranjero para mí. Ni en Colombia ni acá. Y que yo tampoco lo era”.

El tiempo de la Socialización Express ya pasó. En el camino fuimos dando saltos, dejando espacios vacíos. No había tiempo para detenerse. Pero hemos ido de vuelta  para comprender aquello que hubo que “saltarse”. Tratamos entonces de llenar esos espacios que reclaman la mirada. A esto lo denomino el síndrome del Canguro. No solo en la migración. A lo largo de la vida hemos dado saltos.  Dejado huecos.  Hay que avanzar, a la vez saber devolverse porque sin la comprensión del “vacío”, continuar la ruta puede tornarse más difícil.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

No podemos imaginar a Ulises llegar a Ítaca sin realizar su aventura. Tampoco a Jasón y a los Argonautas llevando el Vellocino de Oro a Yolcos, sin vivir las pruebas  correspondientes hasta enfrentarse a los dos toros que arrojaban fuego por la boca y a la serpiente que nunca dormía. La heroicidad no está contenida sólo en míticas historias de las que nosotros, simples mortales, estamos excluidos. Somos héroes y heroínas entendiendo esta definición desde la conciencia del camino que debemos emprender para intentar construir nidos. En el mundo emocional las fórmulas mágicas no existen. Se requiere de arduos viajes para dejar de ser intemperie. El duelo migratorio es parte de “la piel migrante”, su intensidad, tiempo y forma de llevarlo dependerá de la aritmética personal de cada uno de nosotros. De nosotras.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Migrar significa comprender que las segundas patrias no aparecen por añadidura. Que los nidos nacientes esperan ser tejidos. Y nosotros con ellos. Significa disponerse a construir nidos en el árbol de la vida. Cambiar la idea de “lo extranjero” por lo que espera ser conocido e incorporado. Al migrar se redimensiona la noción de “pertenencia”. Lo que era mío antes y dejó de serlo. Lo que me era extraño y ahora forma parte de mi mundo cotidiano. Lo que amerita ser negociado[1]. Lo que me pertenece y a lo que pertenezco. Migrantes y autóctonos en cualquier parte del mundo, vibramos, reímos. También Llevamos a cuesta nuestro mundo doliente. La herida migrante a veces cicatriza. Otras veces no.

 

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

La obra de Zygmunt Bauman (2004) ha marcado el pensamiento sociológico contemporáneo. Por su verdad. Por la manera en la que nuestro rostro individual y social se ve reflejado ante un espejo que nos devuelve una imagen vulnerable y transitoria marcada por la incertidumbre de una sociedad líquida. Cambiante. Volátil.  Imprevisible. “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberación de los mercados”. (p.115) Al igual que la Modernidad Líquida, la migración deviene en tiempo sin certezas.

Cuando intentamos comprender el proceso migratorio desde la Modernidad Líquida y el Alma Migrante como la esencia que lo constituye, muchas piezas se desplazan para construir nuevos referentes de comprensión y de análisis. La Migración Líquida como parte de la Modernidad Líquida está marcada por sus huellas. Por su herencia. Ayer los viajeros partían para intentar establecerse en un suelo que se tornaba más seguro. Hoy parten a sabiendas de que no están exentos de continuar el recorrido. Ya no se trata de dejar el país para echar raíces en otro. Nos hemos convertido en Almas Migrantes. A las cartas amarillas en baúles repletos de nostalgia guardada por los abuelos, se contrapone la comunicación inmediata, en tiempo real, que propician las redes. Pero  ni la  inmediatez  ni la  saturación de imágenes nos salvan de  la nostalgia y el vacío.

Bauman, Zygmunt.( 2004).Modernidad líquida. México. Fondo de Cultura Económica.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

Los migrantes decidimos si el nuevo territorio  nos pertenece o no… Si hago mías las nuevas tradiciones, situaciones,  historia,  o soy indiferente ante  ellas. Según lo muestra Marc Augé en su libro: Los no lugares espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, el “no lugar”, es un espacio anónimo. Fugaz. No hay raíz. Menos aún identidad. Espacio y persona se hacen uno en el cruce por el anonimato. En un no lugar el olvido hace compañía. La rutina y el automatismo limitan la impresión afectiva en la mirada. No hay asidero para el recuerdo. El no lugar restringe la creación de símbolos y de sentido.

Ahora bien, el análisis de  M. Augé nos conduce a  reflexionar en torno a la manera en que los  “lugares”  pueden ser convertidos en  “no lugares”. Convertir un lugar en no lugar significa despersonalizar un mundo a nuestro alrededor que está impregnado de significados. Desde una estatua que señala un hecho histórico, a una fiesta tradicional que da cuenta de rituales, de maneras de ser y de hacer de los otros, que también pueden ser nuestras. Si no sentimos como propio el lugar donde habitamos lo convertimos en no lugar. Y no son los autóctonos quienes tienen que ocuparse. Somos las y los migrantes  instalados en cualquier parte del mundo, los que tenemos que apropiarnos de los espacios. Si el afuera se vacía, no hay lugar-como lo plantea M.Augé- para la creación de símbolos. De significados. De identidad. Marc Augé muestra espacios vaciados por el anonimato y la multitud.

También se me hace interesante dar cuenta de aquello que está impregnado de significados pero que sin embargo puede ser “vaciado” por el transeúnte indiferente. La primera integración es la que hacemos con nosotros mismos cuando llenamos nuestro mundo de nuevos significados. Ese reacomodo en el mundo de la vida es una tarea íntima. Y social.

Augé M. (1992). Los no lugares espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona. Gedisa.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

 

La manera en que se elabora la reconstrucción personal en el lugar de llegada, es tan múltiple como el universo de cada uno. Y tan intensa como las circunstancias particulares que rodean la partida.  Migrar significa re-leerse, al mismo tiempo que  sentir la imperiosa necesidad de leer a un otro diferente, sin conocer la cartilla de las letras con la que ha construido y construye su historia. Migrar implica conocer nuestras habilidades y destrezas.  Nuestra sombra. Nuestra luz. Y también la de los otros. Migrar es una de las grandes experiencias de la vida.  El relato migrante, bien  puede entenderse a través del viaje del héroe como  arquetipo. Comprender la migración, implica viajar a través de sus relatos, y de su gran relato.

Los y las  migrantes tenemos la necesidad de pensarnos. De buscar respuestas ante la avalancha de preguntas. De construir una filosofía. Esto no tiene que ver con el nivel de instrucción. La nacionalidad. La cultura. La condición de migrante nos induce a hacernos preguntas  sobre lo desconocido. También a intentar responderlas. ¿Desde donde surgen esas preguntas?¿Cuáles son las respuestas? Son interrogantes que nos invitan a profundizar en el viaje interior del migrante.

¿Quién de nosotros duda de la importancia del universo afectivo? Nadie. Pero di mi vuelta. Caminé por cuevas. Atravesé umbrales. Me encontré con sombras de distinta densidad. Adentro. Afuera. Al final ratifico lo evidente.  Nada más importante que los afectos. No sólo humanos. Los afectos en general.  Por la tierra. Por los lugares. Los afectos que nos permiten arribar a la copa del árbol personal-universal y construir el nido que lo convierte en  árbol de la vida.  En  la Casa del Alma.