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¿QUE POR QUÉ ME VOY AL NORTE?…POS’ A BUSCAR LA TORTILLA.

Publicado en Revista Anthropos. “El fragor de las independencias Latinoamericanas. Una lectura plural de la diversidad historiográfica”.Barcelona.N.233,2011

¿QUE POR QUÉ ME VOY AL NORTE?…POS’ A BUSCAR LA TORTILLA

Mexicanos que cruzan hacia Estados Unidos.

Por Elizabeth Zamora Cardozo.

El objetivo de este artículo es describir algunas de las experiencias de los mexicanos que se aventuran a cruzar la frontera hacia los Estados Unidos de Norteamérica. Pretendo mostrar episodios de la vida de los que se van; de los que se quedan en México, y de aquellos que no regresaron porque se los tragó el agua o el desierto. Son relatos que nos aproximan a una de las situaciones que hoy en día marcan la realidad social, económica, política y cultural de la sociedad mexicana: la migración hacia los Estados Unidos. Al igual que en la mayoría de los países de América Latina, la injusticia social está incrustada en la estructura de poder de la sociedad mexicana, lo que obliga a muchos de sus pobladores a probar suerte en “el norte” aún a costa de su propia vida. El hecho de que México comparta frontera con el país más industrializado del mundo, ha caracterizado las relaciones asimétricas de poder que entre ambos se establecen. Al mismo tiempo, Estados Unidos es el país en el que muchos mexicanos han encontrado fuentes de trabajo que les han permitido mejorar sus condiciones de vida y la de sus familiares, cuestión evidenciada en los millones de dólares que anualmente recibe el país por concepto de remesas.

Palabras claves.

Migración, indocumentados, polleros, muerte, Frontera México Estados Unidos.

Morir en la frontera

“…allí supe que, aunque en ningún lugar de ninguna ciudad de ninguna mierda de país fuera a haber nunca una calle que llevara el nombre de Miralles seguiría de algún modo viviendo y seguirían viviendo también, siempre que yo hablase de ellos, los hermanos García Segués-Joan y Lela- y Miguel Cardos y Gabi Baldrich y Pipo Canal y el Gordo Odena y Santi Brugada y Jordi Gudayol, seguirían viviendo aunque llevaran muchos años muertos, muertos, muertos[1].”

Su nombre era Víctor Nicolás Sánchez y nació en Oaxaca. Tenía 30 años cuando un 21 de enero de 1995 pereció ahogado en el Río Tijuana. Es el primero que se conoce de una lista que para 2010, sobrepasa las 5.600 personas -la mayoría mexicanos- que han muerto en su intento de cruzar hacia los Estados Unidos de Norteamérica. Para detener este flujo humano, el 1 de octubre de 1994 se inicia en Estados Unidos la Operación Gatekeeper, comenzó con la creación de bardas iluminadas y monitoreadas las 24 horas del día, en las zonas más transitadas de la frontera. La construcción de muros, la militarización y los presupuestos millonarios dirigidos a resguardar la frontera, lejos de detener el paso de migrantes, los ha desplazado hacia lugares extremadamente peligrosos. Lo revela cada año el aumento de la cifra de muertos.

Varias han sido las maneras de morir. Ahogados al no poder vencer las aguas del río Bravo, de insolación y de sed al no soportar las altas temperaturas del desierto; asesinados con armas de fuego disparadas algunas veces por los guardias fronterizos; o víctimas de los asaltantes de camino. Recientemente la opinión pública internacional ha conocido de la presencia de un nuevo actor: el narcotráfico. Carteles de la droga como el de los Zetas, se dedican a secuestrar migrantes para extorsionarlos. Sus niveles de crueldad se reflejaron cuando el domingo 22 de agosto de 2010, asesinaron en Tamaulipas al norte de México a 72 migrantes, en su mayoría centroamericanos. La causa: no tener dinero para obtener su liberación y haberse negado a trabajar para ellos.

Algunas historias…

La ruta del Diablo está en el desierto de Yuma

         “La Ruta del Diablo”, está considerada como uno de los lugares más peligrosos de los 3.326 kilómetros de frontera que comparten México y Estados Unidos. Eran veintiséis cuando salieron de Veracruz. Catorce murieron deshidratados en el desierto. Doce lograron sobrevivir. Intentaban llegar a Arizona, irse a Chicago o quizá a Florida,   pero la ferocidad del desierto pudo más. Al segundo día de viaje ya no tenían agua. Consumieron cactus y tomaron de su propia orina. Después de cinco días de caminar por un lugar que alcanza los 48 grados de temperatura, y una arena que asciende hasta los 65 grados, el 23 de mayo de 2001 los encontró la patrulla fronteriza. En Sonoíta, localidad limítrofe ubicada en el Estado fronterizo de Sonora, uno de los polleros les dijo que caminarían dos días por el desierto y que para minimizar los estragos del calor, lo harían de noche. Cada uno llevaría la cantidad de agua requerida para su propio consumo. Sin embargo, para evitar “la migra” cambiaron de ruta.

El patrullero David Phagan hacía su recorrido habitual cuando encontró a cuatro personas moribundas tiradas en la arena. Luego localizaron a los demás. Al lado de uno de los cadáveres observó un billete de 60 dólares roto en pedacitos. Entre los sobrevivientes estaba el pollero Jesús López Ramos, de 20 años, quien fue condenado a 16 años de cárcel por traficar con personas

“No me regreses a México, soy un buen trabajador y ya sufrí mucho”, le dijo uno de los migrantes a Manuel Jiménez, capellán del hospital del condado de Yuma. Los contrataron en fábricas empacadoras de carnes en Phoenix y Chicago. En México, Faustina busca la manera de cancelar los 20.000 pesos que su marido Reyno Bartola, uno de los fallecidos, pidió prestado para irse al norte.

Me gustaría conocer donde él se acabó, aunque me imagino que así como se acabaron ha de ser un lugar muy feo. Me hubiera de dar gusto poner una cruz ahí, para recoger su espíritu, y que su espíritu no se quede allá. Aunque creo que ya está por aquí porque lo sueño a cada rato. (Faustina en Turati)[2]

La periodista Susan Carrol, reportera del Arizona Republic, realizó un recuento de un año de muertes en Arizona. Describió la forma en que muchos terminan sus horas en el desierto: “La sangre se mete en los pulmones. La piel expuesta arde y las glándulas de sudor se cierran. El corazón tiene pequeñas hemorragias. Cuando la temperatura del cuerpo llega a los 107 grados Fahrenheit, el cerebro se cocina y comienza el delirio… Algunos migrantes comienzan a arañar el suelo, tratando de cavar un lugar más fresco para morir. Otros se arrastran por la arena, como si nadaran o si fueran serpientes. A veces terminan suicidándose[3]“. Así lo hizo en Yuma el primero en morir del grupo que salió de Veracruz, un joven que en medio del delirio; abrazó su cuerpo a uno de los gigantes cactus que abundan en aquel desierto.

El tráiler del terror

El martes 13 de mayo de 2003, fue uno de los días más calurosos del sur de Texas. Hacinados, sin alimentos y sin agua, escondidos en la caja de un tráiler que fue abandonado por sus conductores, intentaban pasar de Harlingen hasta Houston. En la madrugada del 14 de mayo alguien bajó la palanca de una puerta que sólo podía abrirse desde fuera. Diecisiete personas habían muerto. Dos lo harían después. Fueron 54 los sobrevivientes. Esto suma un total de 73 inmigrantes. Aunque según narra el periodista Jorge Ramos en su libro Morir en el intento, quizá iban unos cien. Algunos habrían escapado tras abrirse las puertas. Dieciséis mexicanos, un salvadoreño, un hondureño y un dominicano fallecieron asfixiados. Entre los sobrevivientes, se contaban treinta y dos mexicanos, catorce hondureños, siete salvadoreños y un nicaragüense.

Según declaraciones de sus familiares, José Antonio Villaseñor se llevó a su hijo de cinco años de ciudad Netzahualcoyotl en el Estado de México, hacia Estados Unidos con la idea de “darle una mejor educación”. Marco Antonio murió en el tráiler abrazado a su padre, quien tampoco logró sobrevivir.

John y Jane vuelven a casa tras la ruta del cempasúchil.

Los John y los Jane Doe’s.

         Para que por lo menos puedan ser referidos a través de la palabra, les han puesto nombres. John Doe para los varones y Jane Doe para las mujeres. No han sido reclamados, o no han podido ser localizados por sus familiares. Están enterrados en fosas comunes en la zona para indigentes del cementerio Terrace Park localizado en Holtville, California. “A simple vista es un cementerio normal; al entrar se aprecian un césped bien cuidado y tumbas cubiertas de flores; pero en la parte trasera del lugar, al cruzar una cerca de matorrales, el paisaje se vuelve desolador. El pasto verde se convierte en tierra árida y en el suelo hay esparcidos pequeños bloques de arcilla con la leyenda “John o Jane Doe.”[4] De ellos no se sabe mucho. Sólo donde fueron localizados, y a veces, su género y edad aproximada.

            Claudia Smith, directora la California Rural, grupo activista que desde el año 2000, recorre los cementerios en busca de los John y Jane Doe´s, relata que en sus tumbas colocaron algunas cruces blancas con el letrero: “no olvidado” y flores de cempasúchil[5]. En una ocasión las cruces fueron destruidas y arrojadas en las afueras del cementerio. Enrique Morones fundador del grupo humanitario Ángeles del Desierto, culpa a los grupos extremistas. “Hay mucha gente que no nos quiere aquí, ni siquiera muertos”, dice[6].

            Conmemorar el día de muertos es una de las tradiciones de mayor raigambre en México. Por ejemplo en Ocotepec, en el Estado de Morelos, el 2 de noviembre algunos deudos levantan altares en la parte central de aquellas casas donde ha habido un difunto ese año. El cuerpo se reproduce en su tamaño natural. Es elaborado a base de pan dulce, o “pan de muerto“ y vestido con un bonito traje. Se representa la figura del que se fue. Una calavera de azúcar que lleva escrito su nombre, hace las veces de rostro. En el altar reposan sus bebidas y platos favoritos. Algunos colocan fotografías grandes. Desde la calle una hilera de la flor amarilla, cempasúchil dibuja un camino para que a su llegada no pierda la ruta, encuentre su hogar, beba y coma. Para ello, colocan su nombre en la entrada. Letreros como “Alberto, bienvenido a casa”, harán más cálido el recibimiento. En un clima de abundancia, la familia prepara tamales y bebidas para repartir entre los visitantes. Algunos adquieren deudas para ofrecer comida a los muchos, conocidos y extraños que van esa noche a compartir el recibimiento. Quizá esta tradición realice el milagro…y los john´s y janes does, vuelvan a casa provistos de su nombre real; completo. Y siguiendo el camino del cempasúchil, saboreen tamales y tomen toda el agua que tanto les faltó en la travesía.

Muros que se levantan…muros que se cruzan.

Si unos sacan por Laredo/ por Mexicali entran diez/si otros sacan por Tijuana / por Nogales entran seis/Ahí no´ mas saquen la cuenta/ cuantos entramos al mes.[7]

En “Playas de Tijuana” cercano a una valla que corta el mar; está el primer hito. Se lee: “Punto inicial de límite entre México y los Estados Unidos”. Allí se inicia un cercado que se desplaza a lo largo de la frontera. Entre mar, desierto, zonas pobladas, despobladas, marca el aquí y el allá. En Tijuana grupos de pacifistas, de artistas e intelectuales, entre otros, se han encargado de transmitir a través de las imágenes una de las verdades que encierra esa división. Pegadas a la barda, se exhiben urnas de colores con calaveras pintadas mostrando la fecha y el número de muertos de cada año. Alberto Nájar lo describe: por el lado de Tijuana la barda metálica tiene de todo: cruces de madera para recordar a los migrantes muertos en el desierto; graffitis de las gangas (pandillas) locales, mentadas de madre para la migra y, más recientemente, pinturas de una exposición de arte. Pero en el territorio de Estados Unidos, sólo hay números para identificar las distintas planchas con que fue construida. “Así es más fácil repararla”, explica Jorge Márquez, supervisor de la Unidad de Asistencia a Víctimas del Crimen de la Patrulla Fronteriza. “La gente hace muchos hoyos para espiar a las unidades, y con el número se ubica más rápido las que están dañadas”.[8]

La política migratoria estadounidense.

         Después del atentado del 11 de septiembre de 2001, la política migratoria estadounidense se tornó más dura. En algunos casos se establecieron relaciones entre migración y terrorismo justificando medidas que intentan criminalizar al migrante. Jorge Durand y Douglas S. Massey en el texto titulado: Clandestinos. Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI, hacen referencia a la política de legalización de 1986 conocida como IRCA (Inmigration Reform and Control Act). Consideran que fue “una especie de solución salomónica, por no decir esquizofrénica: absoluta tolerancia para los indocumentados que estuvieran trabajando en el país cinco años antes de 1986, y cero tolerancia para aquellos que pretendieran cruzar la frontera y trabajar de manera irregular después de 1986. Y, como se sabe, las soluciones salomónicas no suelen funcionar. No se puede partir en dos un proceso lleno de vida y en pleno desarrollo”.[9]

A partir de la aplicación del IRCA, se suponía que los migrantes legalizados se integrarían más rápidamente a la sociedad receptora. “La otra ‘pata’ del proceso era apretar las tuercas en la frontera y a los empleadores que contrataran trabajadores indocumentados. La realidad fue otra; el proceso de legalización fue un completo éxito, pero las políticas de control fronterizo y penalización a los empleadores de indocumentados fueron un rotundo fracaso. Los resultados: el crecimiento de la inmigración ilegal e indocumentada; un costo de vidas humanas irreparable en la frontera y el crecimiento de las mafias de polleros; crecimiento del sistema de subcontratación; y fortalecimiento del crimen organizado dedicado a la falsificación de documentos. En la actualidad todos los migrantes tienen papeles, sean éstos falsos o legítimos. Más que indocumentado, el trabajador migrante del siglo XXI, con papeles falsos o irregulares, ha pasado a ser un migrante clandestino”[10].

La expresión más reciente del endurecimiento de las políticas de migración fue la ley SB1070 conocida como Ley Arizona. Fue firmada por la gobernadora de ese Estado Jan Brewer el 23 de abril de 2010. Entre las medidas más polémicas estaba que el hecho de que no poseer papeles se considerase un delito castigado con la cárcel. También se aplicaría duras medidas a quienes dieran trabajo, albergue y transporte a migrantes. Esta ley fue criticada por el presidente de Estados Unidos, B.Obama. Con el grito: ¡Sí se puede!, muchos inmigrados, organizaciones y ciudadanos norteamericanos salieron a protestar. Esta consigna nace en 1972, heredada del Sindicato de Trabajadores Agrícolas dirigido por César Chávez (1927-1993). Chávez se encontraba en huelga de hambre demandando la sindicalización de jornaleros agrícolas indocumentados. Un grupo de compañeros le decía que el poder al que se enfrentaban era difícil de vencer, a lo que el sindicalista respondió: ¡Sí se puede!. Un día antes de su entrada en vigencia, el 28 de julio de 2010, la jueza Susan Balton de Phoenix ordenó la suspensión de las cláusulas más polémicas de la Ley Arizona.

A pesar de que las medidas migratorias son cada vez más restrictivas, una encuesta realizada en México por el Pew Hispanic Center de Washington, indica que el 46% de la población mexicana reconoce que le gustaría vivir en Estados Unidos, y que el 21% lo haría incluso con el estatus de ilegal[11]. Según un informe de la misma Pew Hispanic Center, para 2006 se calcula que son aproximadamente 12 millones de indocumentados los que viven en Estados Unidos. De ellos 6.2 millones serían mexicanos.[12] Para 2010 estas cifras no han variado mucho.

Karen Trejo, de visita en el mausoleo de santo Toribio Romo, patrón de los inmigrantes, entrevista al joven devoto, José Luís Martín, quien fue deportado de Estados Unidos un mes antes. Hace diez años trabajó en las Vegas. Fue a Jalostitlán, en los Altos de Jalisco, para solicitar los favores del santo en su próxima travesía. La periodista le pregunta: ¿Le preocupa que debido al reforzamiento de la vigilancia en la frontera de Estados Unidos no pueda pasar otra vez como indocumentado? Desafiante, responde: “No nos preocupa, porque nosotros vamos a seguir pasando, porque los mexicanos somos bien cabrones”.[13]

Minutemen y Grupos humanitarios en Estados Unidos

            En Estados Unidos se han formado “grupos civiles patrióticos”. Consideran que su deber es salvar la patria de los “invasores” que pretenden cruzar la frontera. Un ejemplo son los Minutemen, entre los que se encuentran algunos veteranos de guerra. Según su apreciación las autoridades no cuidan la frontera, y por eso su objetivo es resguardarlas de inmigrantes[14].

Criminalizar la ayuda humanitaria

         En julio de 2005 en Tucson, Arizona, Shanti Sella y Daniel Strauss, voluntarios del grupo “No Más Muertes”, corrieron el riesgo de ser condenados a prisión por haber cometido el “delito” de trasladar a un hospital a un indocumentado mexicano que estuvo a punto de morir deshidratado en el desierto de Arizona. Se les acusaba de “transportar extranjeros y conspirar contra la ley federal de inmigración”. Ante las protestas el juez federal levantó la acusación. Es uno de los múltiples casos donde se intenta criminalizar la ayuda humanitaria. La sociedad genera mecanismos de sobrevivencia, a la presencia de los Minutemen, de los rancheros “cazaindocumentados”, y de diversos grupos racistas que operan en la zona, se contraponen aquellos que luchan en pro de los derechos humanos. En 2001 Enrique Morones junto a un grupo de voluntarios, creó la organización “Ángeles de la Frontera”. Se dedican a colocar estaciones de agua en las zonas de mayor cruce de personas. Sus voluntarios recorren el desierto en una avioneta y cuando detectan migrantes les arrojan botellas de agua. A la aridez del desierto se añade el hecho de que muchos no tienen idea de los peligros a los que se exponen al intentar cruzar. Junto a ellos también se cuentan Paisanos al Rescate, en Texas, y la Human Borders, en Arizona y Nuevo México, entre otros. El Instituto Nacional de Migración (INM) colocó dos torres de ayuda en el Valle Imperial, Baja California, y Puerta San Miguel, Sonora, en las cuales los migrantes pueden descansar y esperar ayuda del Grupo Beta, fundado el 2 de agosto de 1990 con el objetivo de brindarles apoyo.

¿Cómo empezó todo esto?

Ya en 1850 la producción frutícola en California, así como la expansión ganadera en Texas requería mano de obra extranjera. Contrataron legalmente más de 200.000 chinos, que fueron expulsados a partir de la Ley de Exclusión de Chinos. Los sustituyeron japoneses que en 1903 corrieron la misma suerte, al ser expulsados y sustituidos por filipinos. Todos en deficientes condiciones de trabajo. Entre 1880 y 1890 se construye el ferrocarril entre México y Estados Unidos, lo que demandó mano de obra mexicana. Según Carlos Calabró, para 1910 cerca de 20.000 mexicanos al año eran reclutados por los agentes de las compañías ferroviarias. Con la revolución de 1910 se intensifica le migración hacia el norte[15].

En los años de la Primera Guerra Mundial, los mexicanos trabajan en la agricultura, la industria y bienes de servicios. Desde entonces, se denuncian atropellos. En 1924, por acuerdo del Congreso Norteamericano, se funda la Border Patrol, que refuerza la condición del mexicano como trabajador ilegal. Con la depresión de 1929, los mexicanos son expulsados. La Segunda Guerra Mundial demandó de nuevo mano de obra mexicana, ya que la construcción de artillería ocupaba a gran parte de la población estadounidense. Se necesitaba quien se hiciera cargo de la agricultura. El 4 de agosto de 1942, Franklin Roosevelt y Manuel Ávila Camacho, firmaron el Programa Bracero. Para el campesino mexicano empobrecido desde entonces, fue una alternativa en la búsqueda de mejorares condiciones de vida. El acuerdo concluye oficialmente el 30 de mayo de 1963. Sin embargo, los trabajadores agrícolas continuaron desplazándose hacia el norte hasta 1964. En los 22 años que duró el acuerdo binacional, se firmaron 5 millones de contratos.

        En el libro Migración internacional y derechos humanos. Jorge Bustamante, cita experiencias de braceros que formaron parte del programa. Pedro Grande Valencia, de Tlaxcala, recuerda: `nos revisaban los ojos, los pulmones, el vientre, nos empinaban y con una lámpara veían si no tenías almorranas, y nos manoseaban para ver si teníamos alguna enfermedad contagiosa´. Durante la revisión eran fumigados con creolina. Francisco Vázquez Ramírez, originario de San Luís Potosí, dice: `Nos tenían en barracas techadas con lámina y muchos hasta lloraban del frío. Nos daban cobijas viejas y colchones sucios. El patrón nunca nos dio alimentación. La jornada de trabajo era de hasta 17 horas y nunca pagaron el tiempo extra. Sufrimos bastante, los mayordomos nos maltrataban y muchos mejor se ponían a llorar para no perder la chamba. Nunca hubo dignidad para nosotros.´[16]                                .
Una de las cláusulas del convenio establecía que al trabajador le era descontado un 10% de su salario, el cual sería restituido al regresar a su país. Se estableció un fondo de ahorro que era entregado al gobierno mexicano. Sin embargo, el dinero percibido no ha sido devuelto a los ex braceros, hoy ancianos.

“De 1942 hasta 1964 se hizo tal descuento, y fueron 174.000 los braceros afectados. Como responsables de administrar el fondo quedaron, por México, la Secretaría del Trabajo, la de Agricultura y el Banco de Crédito Rural, del lado americano, el Banco Wells Fargo. Wells Fargo realizó entregas monetarias al gobierno mexicano a través del Banco de México que a su vez lo depositó al Banco de Crédito Ejidal (que se convirtió en Banrural, hoy Financiera Rural) y al Banco del Ahorro Nacional. Después de 1950, la ruta del dinero se pierde por falta de documentos. Una comisión de la 58 Legislatura investigó el destino de ese dinero y, aunque nunca dio a conocer la información, ubicó que buena parte del mismo fue entregado al gobierno mexicano. Esa comisión informó a un grupo de braceros que el dinero lo habían gastado los gobiernos priístas en la compra de la embajada mexicana en Estados Unidos, en la reestructuración de las instituciones bancarias, en edificios del PRI y en el pago de campañas políticas[17]

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte. TLCAN

         Se suscribió el 1 de enero de 1994. México, Estados Unidos de Norteamérica y Canadá fueron los países firmantes. Tres economías unidas bajo preceptos neoliberales. El Tratado permite el flujo de dinero y de mercancías, pero no de personas. Lejos de favorecer, ha mermado las condiciones de vida de muchos mexicanos, y acrecentado los niveles de desigualdad a lo interno del país, donde como siempre, se fortalecen económicamente los grupos de poder locales en detrimento de la mayoría de la población. La disminución de los precios del café y del maíz, ha afectado a los agricultores. Los campesinos se ven obligados a abandonar sus tierras, y lanzarse a trabajar a tierras estadounidenses como mano de obra barata, a veces esclava, y con las condiciones de fragilidad que genera el no poseer documentación en regla.

Los Hombres sin maíz

Chiapas es una de las zonas de México donde la agricultura ha quedado cercenada. Sin embargo, producto de la migración hacia Estados Unidos, se han abierto casas de cambio, bancos y oficinas de correo. En Las Delicias, las mujeres, los niños y los viejos, quedan a la espera de las remesas. Aunque cada vez más, las mujeres se están aventurando a partir.

Históricamente, Chiapas ha sobrevivido gracias al campo, representando la producción agrícola el 45% del PIB del estado. Asimismo el 95% de los productores de maíz, al cual se dedica el 65% de los terrenos, cultivan una extensión de tierra inferior a las 5 hectáreas. Con la entrada del TLCAN se han abierto también las fronteras para este producto, cosa que implica una fuerte competencia entre la pequeña producción mexicana y la gran industria agrícola estadounidense. De hecho, el rendimiento medio de producción de maíz en los EE.UU. es de ocho a diez toneladas por hectárea, mientras que en México oscila entre dos y cinco, y en Chiapas entre uno y tres. Además, gracias a una ley promulgada en el año 2001, el estado norteamericano concede a cada agricultor una cifra igual a 52.30 dólares diarios en concepto de subsidio; mientras que México solamente concede 1.8 dólares al día. Por ello, la producción de maíz mexicana cuesta 181.9 dólares la tonelada pero el precio del mercado internacional se mantiene en 129.18 dólares. Consecuentemente el gobierno mexicano y las corporaciones transnacionales pueden comprar el maíz proveniente de los EE.UU. a un menor precio, incluidos gastos de transporte[18].           .

Los prestamistas imponen las reglas en Chiltoyac[19]

La historia de Crescencio Ortiz

         La aventura de cruzar requiere de una serie de previsiones. Una de ellas es contar con dinero para cancelar a los coyotes o polleros el “cruce”; es entonces cuando   los prestamistas entran en escena. Ofrecen dinero a cambio de cualquier posesión por mínima que esta sea. Hasta publicitan sus ofertas. En cualquier pueblo mexicano es común escucharles gritar desde altavoces: “¡aceptamos todo, carros, licuadoras, pedazos de oro, todo!”. La idea del que se va, es que con los dólares obtenidos en Estados Unidos recuperará sus bienes, sin embargo, en muchos casos la historia es otra. A principios de los años noventa Chiltoyac era uno de los principales productores de café arábigo de Veracruz. Como a otros campesinos mexicanos la baja de los precios del producto llevó a Crescencio Ortiz a la ruina. Decidió viajar al Norte. Por 20.000 pesos empeñó las escrituras de su casa. Tardó dos meses en cruzar. En una ocasión la Border Patrol lo devolvió a México, sin embargo, lo siguió intentando. Luego de varios recorridos trabajó como jardinero en Estados Unidos. Seis meses después de su salida, empezó a mandar dinero para saldar su deuda. Ya era tarde. El préstamo pactado al 20% de interés mensual, se había multiplicado y en lugar de 20 mil debía 50 mil. El sueldo de Crescencio era muy bajo; lo que mandaba a Chiltoyac no alcanzaba ni para pagar los intereses. Crescencio perdió todo: la casa, y el predio con plantas de café. “[20]

Metlatónoc en Guerrero. Los mixtecos

         Está ubicado en el Estado de Guerrero. Oficialmente es considerado el municipio más pobre del país. De acuerdo con estándares internacionales, su nivel de vida sería similar al de África Subsahariana. 80% de los niños sufre desnutrición severa.[21] Según el Consejo Nacional de Población, Conapo, el índice de mortalidad infantil es cinco veces superior a la media nacional. El analfabetismo se ubica en un 71.9%. Carece de hospitales, de drenajes, y de carreteras.

El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan calcula que unas 25 mil personas han salido de los 10 municipios que comprende la región, mientras que un estudio de la organización Global Exchange, realizado para los comicios presidenciales de 2000, señaló, en ese momento, las dificultades para integrar el padrón electoral “debido a niveles de migración tan elevados como el 60 % de la población”[22].

Denuncia Abel Barrera Hernández, director del Centro Tlachinollan, que el proceso de reclutamiento de gente para llevarla al Norte, se da en una forma cruel, con el mismo esquema de contratación de los jornaleros que se van a Sinaloa. Los polleros de Alpuyeca, de Tlapa o del mismo Metlatónoc reclutan a la gente a través de mayordomos; les pagan 200 o 300 pesos para convencer a familiares o amigos y luego los llevan con el coyote. La gente no sabe adónde la llevan ni el riesgo que pueden correr[23].

         A todo esto se agrega el estado de indefensión de la comunidad. Según relata Barrera, hay muchas mujeres que no entienden muy bien el castellano. Cuando llegan a las casas de cambio a buscar su dinero, les dicen de manera despótica que no ha llegado. Les entregan un comprobante que no entienden. Tampoco conocen el monto de la comisión, o si el dinero recibido es el mismo que les enviaron. Hubo casos en que cuando llegaba una remesa grande, de 20 mil pesos por ejemplo, les pedían prestado el dinero con la oferta de pagar hasta 3 mil pesos de comisión y hasta daban un adelanto de 500 pesos. Muchos se convencieron, pero el trato sólo duraba un par de meses, luego suspendían el pago de los réditos sin devolver jamás préstamo [24]. Esa es una de las razones, según Nájar, por las cuales a pesar de que en a década de los noventa la migración se volvió masiva, la vida en Metlatónoc no mejoró. Pero no es la única.

En 1995 se pagaba a un pollero entre 20 y 30 dólares para cruzar. Para 2010 hay que disponer de 3.000. Alberto Nájar entrevista a José Barrera, el comisario ejidal quien le dice: “El coyote se los está llevando [a la gente del pueblo] a cada rato viene por más y luego no sabemos de ellos”, Él ya tiene su casa chingona en Tlapa, su coche nuevo y el diente de oro, pero de todos modos sigue engañando a la gente aquí en la Montaña. Ahora se volteó el carro donde llevaba a la gente y se chingó a dos’. Lo más irritante para los vecinos de Metlatónoc, es que el coyote pretenda cobrar el viaje a los familiares de los fallecidos. “Tantito que pasa uno la línea ya quiere sacar los dólares, cobra hasta por los bebés que lleva uno cargando”, dice el comisario.

Crónicas de pueblos vacíos.

            San Agustín de Utla, Metlatónoc en Oaxaca, Las Delicias en Chiapas, y San Andrés de la Cal en Morelos, entre muchos otros, son lugares con distintos nombres pero con una misma realidad: se han quedado solos. En algunos pueblos, no sólo los hombres, también las mujeres y los niños se han marchado al Norte. Cuentan historias de familiares de los que no se supo nada. De vecinos que no sobrevivieron, pero la migración sigue.

         En México se ha instaurado una cultura del que se va y “conquista” el Norte. Es una meta. También un reto. Además de las implicaciones económicas, causa primordial del asunto, tiene referentes simbólicos. Ser capaz de hacer lo que otro hizo. Lo ideal es parecerse a la vecina que construye una casa producto de las remesas que envían sus hijos(as). Al que llega conduciendo autos lujosos. Al que tiene dólares.

A los hombres los han cambiado por platos de satélite. Y por casas recién pintadas de amarillo y azul. Y por calles empedradas, bien alumbradas y con arbolitos en los camellones. Y por un gran estanque para almacenar el agua que baja siempre de prisa por las montañas. Y por ropa para sus hijos. Y por camionetas del año. Y por comida para sus familias. “¿De qué viven aquí?”, le pregunté a Mariana, una mujer que hablaba con una sonrisa, pero sin miedo. ´Pus de los dólares que nos envían de allá’. [25]

El pueblo de Gómez Farías. Donde la gente retorna a morir[26]

Aunque en las calles Gómez Farías ubicado en el estado de Michoacán, se respira soledad, el pequeño y colorido panteón crece. Los jóvenes se van en busca de riqueza y los viejos regresan a esperar la muerte. Según Juan Balboa, en un reportaje realizado para el Diario La Jornada, en San Francisco, California, vive el 90% de los 2.000 mexicanos nacidos en ese pueblo.

Gómez Farías, Valle de Guadalupe, J. Mújica y Chilchota, entre otras cuatro docenas de áreas similares de la región del Bajío, son los principales pueblos fantasmas que deja la migración. Todos tienen un fenómeno que los hermana: son comunidades limpias, con viejos en los parques, panteones en crecimiento, inmensas iglesias sin fieles y un extraño silencio de soledad[27].

“Vi pueblos vivos” dice Guadalupe Fernández. Sus seis hijos cruzaron la frontera. Para ella, el lugar ha quedado “sin alma, sin luz”. Rechaza el modo de vida estadounidense. Su soledad se ha mimetizado con la del pueblo. Dice que muchos de los que se van, regresan maltrechos. Con vicios que no tenían. En las fechas decembrinas, relata el párroco, aparecen en Gómez Farías algunos migrantes. Celebran matrimonios, bautizos, quince años, y especialmente bodas acordadas con antelación[28].

De los que lograron el sueño americano. La historia de Ramiro Mejía Cortés

“Me trajo una pepena ( frituras de vísceras de res) y cuando me había echado dos tacos me la soltó:´Apá, déjeme ir al norte, yo quiero ayudarlos con lo del rancho´. ‘Primero le dije que no porque los muchachos nomás regresan con unos centavos y con malas costumbres. Pero luego le di permiso porque, la verdad, la pepena estaba muy sabrosa” [29]

Jalisco es uno de los Estados mexicanos con tradición migratoria de mayor data. Según lo reseña Alberto Nájar, para los niños es algo natural pensar en irse a Estados Unidos. La migración de los jaliscienses comenzó hace más de un siglo. Muchos participaron en el programa Bracero. Para Jorge Durand, la causa de que se fueran al Norte, radicó entre otras, en que las vías de ferrocarril que cruzaban el estado se conectaron con Texas. Había un exceso de población en estas entidades y enganchadores de empresas estadounidenses que buscaban mano de obra barata para Norteamérica. A través del Programa Bracero, el estado se anotó otra oleada de emigración. Subraya Alejandro Canales, que el 40% de los que participaron en ese programa eran naturales de Jalisco. Era una migración de ida y vuelta[30].

Lo cuenta don Gilberto. Ramiro le pidió permiso para irse. Lo hizo con un préstamo de 300 pesos . Pasó las calamidades de quien llega a otro país sin un dólar, y donde además, se habla otra lengua. Después de treinta años de haber salido de Los Volcanes, Ramiro, “…es dueño de la plaza de toros de la comunidad, de dos ranchos, un casino, un restaurante, un hotel en La Manzanilla (municipio de la costa sur de Jalisco) y otro más que está a punto de inaugurar en el centro de la comunidad. A la lista de propiedades se suman dos residencias en Los Ángeles y Santa Ana, California, donde también tiene un criadero de caballos finos. ‘Hace poco le vendió a Joan Sebastián un cuaco en 58 mil dólares’, presume don Gilberto. Un caballo de Antonio Aguilar, El Padrino, se lo vendió mi hijo, y a cada rato le renta animales para sus películas. Ya hasta anda pensando en poner un criadero en España”[31].

El progreso de Ramiro también lo aprovechó la gente del pueblo. Prácticamente todos sus habitantes han trabajado, al menos una vez, en la Ram-Mar, como se llama la empresa de pinturas a domicilio. “En el último censo salió que somos 866 vecinos en el pueblo pero 600 están en Estados Unidos, dice Juan Carlos Anaya Andrade, agente municipal. De esos, 300 trabajan ahorita con Ramiro. En Los Volcanes se nota el progreso. Hace 15 años no había una sola televisión, y ahora tenemos 36 sistemas Sky. De las 214 casas 100 tienen teléfono cuando antes nomás había una caseta, y ya mero nos ponen el celular y el internet” presume el agente municipal. [32]

El benefactor de San José de la Paz, se llama Raúl León.

Las calles de San José de la Paz están pavimentadas con concreto hidráulico. En julio es usada por los migrantes que regresan a las fiestas patronales. Se llenan con camionetas lujosas. Hay mariachis, tambora, bebidas. Sólo en esta época funcionan los dos semáforos que hay en esta agencia del municipio de Jesús María, en los límites de Los Altos con Guanajuato. También sólo en estos días se ocupan las lujosas residencias construidas con dólares ganados en el otro lado[33].

El progreso llegó a San José de la Paz en 1987, y tiene nombre: Raúl León Macías. Después de 12 años en el Norte, abrió en Atlanta su primer restaurante. “Luego luego se llevó a varios de aquí, y entre todos pusieron otro restaurante, y luego otro y otro”, presume don Cuco, como le dicen en el pueblo. “De allí mi compadre se fue para arriba. Al principio se asoció con otro de aquí, José Macías El Chara, pero luego se independizaron, cada uno fundó sus negocios”[34].

Raúl León murió. Su herencia fue una cadena de 200 restaurantes, esparcidos por Indiana, Ohio, Illinois, Carolina del Norte y del Sur, Missisipi, Florida, Alabama y Missouri. Prácticamente todos los habitantes de San José trabajan en las cadenas. Otros han creado sus propios negocios. Las remesas alcanzaron para todos.

La iglesia de San José recibió un altar de mármol donde se puede leer un agradecimiento “a los hijos ausentes”, aunque afirma el párroco. “La gente se sigue casando aquí en San José, y las jovencitas que cumplen 15 años se esperan a celebrar en esta templo sus misas”, cuenta. “Luego la gente de fuera piensa que todas nacieron en julio, pero es la única época en que vienen”. El único problema que encuentra el sacerdote son los nombres con que se bautiza a los hijos de migrantes. “Les pido que les pongan nombres en español, pero pocas veces me hacen caso”. [35]

Vivir de las remesas

La crisis económica contemporánea en México, tiene su punto de arranque en 1982. Para esta fecha se incrementó el número de migrantes hacia los Estados Unidos. A los trabajadores agrícolas se sumaron maestros rurales, empleados, plomeros, electricistas. La orientación del perfil migratorio de los mexicanos muestra que tiende a aumentar el número de personas con mayor preparación académica que salen del país.

Después del petróleo, para 2010, las remesas es la principal fuente de ingresos en México. Desde la década de los noventa, los mexicanos comenzaron a recibir dinero de sus familiares que se fueron a trabajar a los Estados Unidos. En 2003 alcanzaron una cifra récord, al ascender a 13.266 millones de dólares, 35.1% más que en el 2002. En los años siguientes se mantuvieron como una importante fuente de divisas. En 2006 México se convirtió en el segundo receptor de remesas del mundo, antecedido por La India, que continúa ubicándose en el primer lugar. [36]A raíz de la crisis financiera global de 2008 y 2009, que afectó a muchos mexicanos que trabajaban esencialmente en la industria de la construcción estadounidense, así como los controles migratorios, las remesas bajaron, perjudicando esencialmente a los pobladores de aquellos lugares para los que significa la principal, o la única fuente de ingreso.

En algunos casos se ha dado un nuevo fenómeno, el de “las remesas al revés”. Familias de comunidades indígenas de la sierra de Oaxaca, que antes recibían dinero de sus familiares, han comenzado a enviarles dólares para que puedan quedarse. Existe la esperanza de que la situación mejore. Entre las múltiples causas del “no retorno”, también se encuentra que para ello se necesita contar con cierta cantidad de dinero, más aún más si se es indocumentado[37]

La protección de los santos.

Juan Soldado. Patrón de los indocumentados

            Era el año 1938. La niña Olga Camacho Martínez, fue violada y asesinada en Tijuana. Se dice que el culpable fue un militar de alto rango, pero acusaron al recluta Juan Castillo Morales. Lo fusilaron aplicándole la ley de fuga. Tenía 24 años. Según la tradición oral, a los pocos días comenzó a brotar sangre de su tumba, y se escuchaba la voz del joven jurando que no era el asesino. Juan es venerado en Tijuana y su sepulcro está lleno de ofrendas. Representa la injusticia de un sistema judicial ante el más débil. Sus restos están ubicados a quinientos metros de la línea internacional. Traspasar el “bordo”, y obtener una “green card”, son las mayores peticiones que se le hacen. Tampoco faltan las súplicas por salud, amor y dinero[38].

         La capilla de Juan Soldado en Tijuana es un lugar de oración. Allí conversé con el sepulturero quien me narró su historia. Son muchas las placas de agradecimiento por los favores recibidos. Se le llama Juan Soldadito, Juanito Soldado. Con fecha 1 de abril de 2006 en una de las paredes del mausoleo leí esta carta:

Juan Soldado por favor alluda a Miriam a pasar

Ya a intentado muchas veces y no puede

Ayúdala por favor te lo pide una mamá desesperada, madre

De otro soldado igual que tu llo volvere si diosito me lo permite

Y te traere la cachucha que te falta alluda a mis hijos

Y a toda mi familia y mi negocio o por lo menos a Miriam(sic).

Toribio Romo: El santo pollero

         Natural de Jalisco, Toribio Romo es considerado un mártir de la Guerra Cristera, ocurrida en México a finales de los años veinte en el gobierno de Plutarco Elías Calles. Era un joven delgado, de piel blanca y ojos azules. Tenía veintidós años cuando el 23 de diciembre de 1922 fue ordenado sacerdote. Al agudizarse la persecución callista, que los lugareños de El Cuquío, un poblado de Jalisco, se levantaron en armas para defender a sus sacerdotes: Justino Corona y Toribio Romo, pero esto no impidió que fueran asesinados por los federales. Ambos fueron canonizados en el año 2000 por el papa Juan Pablo II.

         Su santuario se encuentra ubicado en Santa Ana de Guadalupe, una aldea jalisciense de Jalostitlán, anclada en los Altos de Jalisco. Muchos de sus habitantes también se han ido a los Estados Unidos. A Toribio Romo le rinde culto gente que se desplaza desde California, Illinois y Texas.  Cuenta el párroco Gabriel González Pérez[39] que en la primera mitad del siglo pasado, un hombre llamado José, nativo de Zacatecas, llegó al pueblo buscando a Toribio Romo porque le debía un favor muy especial. Estaba en la frontera sin papeles, sin guía. Allí se topó con un joven que le ofreció pasarlo al otro lado. Después de dos años, José llegó a Jalostitlán a buscar a su amigo. Su sorpresa fue saber que Toribio Romo había muerto en 1928 fusilado por los federales. En un retablito en la capilla de san Toribio Romo el nayarita Salvador Hernández escribió:

“Gracias a la protección divina pude salvarme de un remolino a la hora de cruzar el Río Bravo. Cuando me estaba ahogando apareció un desconocido desde el lado estadounidense y me aventó una soga[40]

En un país como México, donde el catolicismo cuenta con gran cantidad de adeptos, Toribio Romo representa la certeza de la presencia divina. De la que no abandonará en los momentos de mayor dificultad. En medio de la realidad social mexicana, y de las políticas restrictivas de los Estados Unidos, de las muertes que aumentan cada año, de lo que significa la aventura de ser indocumentado(a), la   mediación de los santos aparece como una alternativa cierta.

México y los mexicanos: víctimas y victimarios.

¿Y qué pasa con la frontera sur?

         Mientras el gobierno mexicano denuncia la manera cómo son tratados sus compatriotas en Estados Unidos, prácticamente se ha desentendido de la constante violación de los derechos humanos que sufren los centroamericanos cuando transitan por su territorio en su intento de cruzar al Norte. En una misión realizada en 2007, la Federación Internacional de los Derechos Humanos FIDH, presentó el informe titulado: “México-Estados Unidos: muros, abusos y muertos en la frontera. Violaciones flagrantes de los derechos de los migrantes indocumentados en camino a Estados Unidos”[41], donde explica con detalle esta situación.

En la frontera sur operan redes de centroamericanos y mexicanos dedicados al oficio de coyotes, cobran entre cinco y siete mil dólares. Una fortuna para cualquier centroamericano pobre. La opción entonces es aventurarse sin ningún tipo de resguardo. En el trayecto, muchos han muerto al caerse o de los trenes de carga[42], asesinados por los mismos polleros, las maras o los delincuentes comunes. En esta frontera la violación de mujeres se ha convertido en una práctica común. Todo se agrava con la intervención del narcotráfico y sus crueles métodos de hostigamiento. Los más débiles, los migrantes indocumentados, especialmente los centroamericanos, han sido la presa escogida por los narcotraficantes para su nueva modalidad de obtener beneficios: El secuestro.

Y llegaba, por fin, a Tamaulipas.

         Luis Freddy Lala, sólo contaba con el ímpetu de sus 18 años y la idea del sueño americano. En Ecuador dejó a su mujer embarazada y a sus ocho hermanos. Decidió emprender camino hacia los Estados Unidos donde lo esperaban sus padres, quienes tiempo atrás también cruzaron sin documentos. Iba junto a otros migrantes, en su mayoría centroamericanos. Desde Veracruz tomaron dos camiones. En Tamaulipas fueron interceptados por los Zetas, un cartel de la droga que se dedica a secuestrar migrantes para luego solicitar rescate a sus familiares. El que paga se salva. Quien no posee dinero, trabaja para ellos, o lo asesinan. Algunas mujeres son esclavizadas laboral y sexualmente.

        Los llevaron a San Fernando, donde los ubicaron en una especie de casa de seguridad. Al día siguiente fueron trasladados a otro sitio. De cuatro en cuatro los sacaron con las manos amarradas y los ojos vendados. Luis Freddy escuchó a sus compañeros gritar; suplicar. También se oyeron disparos. A él lo dieron por muerto. Malherido fue desatado por otro sobreviviente, un hondureño, y logró escapar. En el camino le negaron ayuda. Anduvo diez horas aproximadamente, hasta que encontró a unos marines mexicanos y les narró lo ocurrido. En total se encontraron 72 cadáveres en el rancho. Cincuenta y ocho eran hombres. Catorce mujeres. La masacre de Tamaulipas ocurrió el 22 de agosto de 2010. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, estos grupos han secuestrado entre septiembre de 2008 y febrero de 2009 a 9.758 personas. Es la cifra oficial, pero se estima que los secuestrados podrían llegar a los 20.000[43]. Y seguirán cruzando. Y seguirán muriendo, mientras la desigualdad se acrecienta en los países de origen, y las puertas se cierran en aquellos lugares donde sueñan que alguna vez tendrán una vida mejor.

[1] Javier Cercas. Soldados de Salamina. TusQuets.Editores.2001

[2]   Turati, Marcela. Serie: Muerte en el desierto III parte. “En el olvido, deudos de migrantes”.2003 http://local.fnpi.org:8990/premio/2003/finalistas/pdf/2003CSC1630.pdf

[3] Cano Arturo, Tania Molina. “Diez años de muerte en la frontera ¿Cuántos más?” En Masiosare N° 354 3/10/ 2004

[4] Manuel Ortiz. “A dónde van los inmigrantes muertos en la frontera”. El Mensajero.com 18.10.2005. http://www.elmensajero.com

[5] Alberto Nájar Una década de muertos. La jornada. Revista Masiosare. N° 352.19/9/2004

[6] Idem

[7] Corrido Popular interpretado por Los Tigres de Norte.

[8] Alberto Nájar “La noche de la migra”. Habla la migra. En La jornada. Revista Masiosare. N° 352. 19/9/2004

[9] Jorge Durand y Douglas S. Massey. Clandestinos. Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI . México Universidad Autónoma de Zacatecas. 2003

[10] Idem

[11] Miguel Otero. “El muro que separa las dos Américas”en SNC Bolpresss. 12/08/2005 http://www.sncweb.ch/spanisch/reportajes/

[12] David Brooks. “Viven en EU al menos 12 millones de indocumentados, mexicanos, más de la mitad”. La jornada. 8 de marzo de 2006.

[13] Karen Trejo. “El santo ‘pollero’ de los emigrantes”. En La opinión Digital. 20/12/2005 http://www.laopinion.com

[14] Su nombre viene de la época independentista de los Estados Unidos. Los milicianos americanos que vigilaban la costa de Boston recibían la denominación de “hombres minuto”, ya que, según se dice, al percibir la presencia de las tropas inglesas, sólo tardaban un minuto para prepararse para la batalla. Miguel Otero. Ob.cit

[15]   Carlo Calabró Chiapas: Entre TLCAN y Migración .Boletín Chiapas al día. 20 abril-2004. http://www.ciepac.org/

[16] Jorge Bustamante Migración internacional y derechos humanos. Instituto de Investigaciones Jurídicas. México. UNAM. 2002

[17] Ramírez C, Jesús. “Los viejos braceros, los del TLC y la seguridad nacional El engaño se repite”. En Masiosare, (321° 15/2/ 2004).

[18] “Carlo Calabró Chiapas al día” No. 406. 20/4/2004

[19] Alberto Nájar. “Dos rostros de la migración, la tragedia de los inexpertos”. Masiosare, 234. 16 de junio de 2002

[20] Alberto Nájar, “Dos rostros de la migración. La tragedia de los inexpertos”. Revista Masiosare, Nª 234.16 junio 2002.

[21] Karen Trejo.” Huérfanos de la emigración”. La Raza. 1/27/2006

[22] Alberto Nájar, “Mixtecos de la Montaña guerrerense: dos veces vulnerables La ruleta rusa de la migración”. Masiosare, (311, 7/12/2003)

[23] Idem

[24] Idem

[25] J.Ramos en “los que se quedan” El Diario. La prensa on line. 10/27/2005 http://www.jorgeramos.com/articulos/articulos328.htm

[26] Juan Balboa. “Gómez Farías, pueblo michoacano receptor de ancianos.Migración, cuando los viejos regresan a morir”. En Diario La jornada (2/1/2006)

[27] Idem

[28] Idem

[29] Alberto Nájar. “De los que saben enfrentar las olas. Los dos rostros de la migración”.(Masiosare 234.16/6/2002)

[30] Durand en Nájar. (Masiosare, 234.16/6/2002)

[31] Alberto Nájar, (Masiosare,234, 16/6/2002)

[32] Nájar Alberto, (Masiosare 234 16/6/2002

[33] (Nájar. Alberto (Masiosare, 234, 16/6/2002)

[34] Idem

[35] Ibidem

[36]Periódico La Jornada México, segundo receptor mundial de remesas14. noviembre 2007

http://www.remesasydesarrollo.org/noticias/mexico-segundo-receptor-mundial-de-remesas/

[37] Cecilia Barría. Remesas al revés…de México a EE.UU.BBC Mundo, México 5 de octubre de 2009

[38]   Hay quienes se han dedicado a demostrar a través de documentos y los vicios contenidos en su juicio, la inocencia de Juan Soldado. Según otras versiones, sí fue el asesino de la niña Olga Camacho Martínez. Independiente de cuál sea la realidad, nos interesa destacar el hecho de que en la frontera exista un personaje como Juan soldado al que veneran los indocumentados y al que se le solicitan favores relacionados con el cruce.

[39] KAREN TREJO “El santo ‘pollero’ de los emigrantes”. En La opinión Digital. 20/12/2005 http://www.laopinion.com

[40] Idem

[41] http://www.womenontheborder.org/documents/USAMexiquemigran488esp.pdf

[42]Son conocidos como los trenes de la muerte. Los migrantes se lanzan sobre los vagones para viajar gratuitamente hacia el Norte. En este trayecto muchos han muerto al caerse, o al ser arrojados desde el tren en marcha. También han sido numerosas las mutilaciones que han sufrido de brazos y de piernas.

[43] Salvador Camaren. Las 72 personas asesinadas en México eran inmigrantes ‘sin papeles’. El pais.com. | México 25/08/2010