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MUNDOS DE FRONTERA. LA FRONTERA NORTE DE MÉXICO Y LA FRONTERA COLOMBO-VENEZOLANA.

Elizabeth Zamora Cardozo
(Universidad Central de Venezuela)
Resumen: La frontera entre Tijuana y los Estados Unidos de Norteamérica, es la más transitada del mundo. Le sigue en América la colombo-venezolana, especialmente la conformada por el eje San Antonio-Ureña-Norte de Santander. El objetivo de este artículo es presentar algunos aspectos que identifican a dos espacios caracterizados por su diversidad, dinamismo y pluralidad. Me detengo en situaciones relativas al cruce hacia los Estados Unidos, así como en aspectos relacionados con los modos de vida y el mundo cotidiano de los habitantes de estas fronteras. También hago alusión al tema de la violencia, así como al papel de San Toribio Romo, de Juan Soldado y de Jesús Malverde quienes se han convertido en importantes referentes religiosos para quienes emprenden la aventura de cruzar hacia los Estados Unidos.
Palabras claves: Frontera colombo-venezolana, Frontera Norte, migración.
Abstract: The border between Tijuana and the United States of America is the most traveled of the world. It is followed in America by the border between Colombia and Venezuela, especially in the San Antonio-Ureña-Norte de Santander area. The purpose of this article is to present some aspects that identify two territories characterized by its diversity, dynamism and plurality. I go more deeply into situations of the crossing into the United States, as well as into the way of life and the daily world of the inhabitants of the border. I also refer to the subject of violence, as to the role of saint Toribio Romo, Juan Soldado and Jesús Malverde, as protectors of migrants. These three characters have become important religious references for those undertaking the adventure of crossing into the United States.
Kew Words: Venezuelan-Colombian border, North Border, migration.
1.-Entre fronteras
Desde 1988 comenzó mi recorrido por la frontera colombo-venezolana. Allí realicé entrevistas e historias de vida a familias binacionales de los estados Táchira y Apure de Venezuela. Años después fui a vivir a México. Esto me permitió vivenciar de cerca el que por años había sido un espacio mítico para mí. Y sobre todo conocer la frontera Norte. Convertí en propias imágenes hasta ahora prestadas. Ya esta tierra no era una fábula. Podía reflexionar entonces sobre dos mundos de frontera.
Entre los múltiples universos que se tejen en estos espacios, he observado a través de mis investigaciones cómo la discusión sobre la posible “pérdida de la identidad nacional”, la estigmatización de los habitantes de estas zonas, y los vínculos de parentesco, entre otros elementos, aparecen como parte de la dinámica social del
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mundo de la vida de los sujetos de frontera, independientemente de las características particulares de los países que las constituyan. A continuación realizaré un esbozo general de cada una de estas dimensiones.
2.-México y su frontera con los Estados Unidos
Ya me gritaron mil veces que me regrese a mi tierra / porque aquí no quepo yo /quiero recordarle al gringo / yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó /América nació libre, el hombre la dividió / ellos pintaron la raya, para que yo la brincara /y me llaman invasor, es un error bien marcado / nos quitaron ocho estados ¿quién es aquí el invasor? /soy extranjero en mi tierra y no vengo a darles guerra / soy hombre trabajador.
Los Tigres del Norte. Somos más americanos.
La firma del Tratado Guadalupe Hidalgo en 1848, es una herida que lejos de sanar se profundiza con el tiempo. Una herida que se abre cada vez que muere un mexicano intentando cruzar o es deportado del que antes fue su territorio. La frontera entre México y los Estados Unidos tiene 3.185 kilómetros. Los Estados que la componen son: Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas por el lado mexicano. California, Arizona, Nuevo México y Texas del lado estadounidense.
Apoyados en la doctrina del Destino Manifiesto, los estadounidenses aplicaron su política de expansión. En 1836, luego de una guerra entre mexicanos y estadounidenses, Texas se independiza de México. Luego, en 1845, Estados Unidos se anexa Texas. En 1846 los norteamericanos declaran la guerra a México. Las tropas avanzarían de Veracruz a Ciudad de México. El gobierno mexicano no tuvo otra alternativa que firmar un tratado en que el país perdió 2.600.000 de kilómetros cuadrados. Fue despojado de lo que hoy son los estados de Arizona, California, Nevada, Nuevo México, Utah y la mitad de Colorado. En compensación recibió 15.000.000 de dólares.
En los años 1880 y 1890 se construye el ferrocarril entre México y los Estados Unidos. Los mexicanos inician el camino hacia el Norte. Esta Migración se intensifica luego de la Revolución de 1910. En 1924 los estadounidenses fundan la Border Patrol con la idea de mantener mayor vigilancia en la frontera. En los años cuarenta a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de los Estados Unidos se vio en la necesidad de contratar braceros para trabajar en los campos agrícolas. Así,
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Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) y Manuel Ávila Camacho (1940-1946) firman en 1942 el Programa Bracero. Oficialmente, el acuerdo concluye en 1963, pero el desplazamiento de mexicanos hacia el Norte continuó intensamente por varias décadas.
Para el año 2012 el desplazamiento de migrantes ha disminuido. Así lo refiere un estudio realizado por el centro de investigación independiente Pew Hispanis Center (2012). Este fenómeno se atribuye a la recesión estadounidense, al incremento de la vigilancia en la frontera, a los peligros implícitos en el cruce, a las deportaciones, y a la dureza de la política estadounidense, expresada en la Ley Arizona (SB1070). Esta ley fue firmada por la gobernadora Jan Brewer el 23 de abril de 2010. No poseer papeles en regla, era un delito castigado con la cárcel. Se aplicarían duras medidas a quienes dieran albergue y comida a migrantes. Fue criticada por el presidente B. Obama. Hubo protestas masivas, y un día antes de su entrada en vigencia, el 28 de julio de 2010, la jueza Susan Balton de Phoenix ordenó la suspensión de las cláusulas más polémicas.
Los mexicanos no sólo han dejado de cruzar, también vuelven a su país. Según el mencionado estudio, un millón de personas fueron detenidas en el 2005 en el intento. En el 2011 el número se redujo a 286.
Ciertamente los desplazamientos de migrantes han disminuido. Ha disminuido la intención de emprender la aventura, pero muchos mexicanos siguen intentando llegar a los Estados Unidos y muriendo en el intento. Si bien es cierto que las medidas estadounidenses han complicado sus posibilidades de lograr “el sueño americano” también lo es, que la realidad social mexicana no invita a quedarse. La falta de empleo y la violencia que se ha desencadenado luego de que Felipe Calderón declarara “la guerra al narco” en el 2006, hacen que a pesar de las dificultades, muchos mexicanos se arriesguen a atravesar la frontera.
Según refiere un informe realizado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en 2011 murieron 767 mexicanos al intentar cruzar hacia los Estados Unidos donde “el 85 por ciento fueron jóvenes, hombres y mujeres con edades comprendidas entre 15 y 29 años. 652 de los decesos han sido por ahogamiento, deshidratación, insolación, persecuciones e incluso algunos baleados por la Border Patrol. Del total de fallecidos el 75 por ciento tenía algún grado de preparación. 575 de los mexicanos y mexicanas que fallecieron tenían estudios de educación media, media superior, incluso profesional”. De estos muertos 476 fueron mujeres. La mayor cantidad que se haya registrado hasta ahora. (ARELLANO MORA; 2012)
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2.1.- El muro
El gobierno de Estados Unidos/ ya no quiere a otro ilegal/ Con un muro tapando la línea / al mojado lo quieren parar / con seis mil efectivos de guerra / al que agarren podrán deportar.
Sangre Felina. El muro de los gringos. El 1 de octubre de 1994 se inicia la Operación Guardián con el fin de vigilar la frontera. Se levantaron bardas en las zonas más transitadas. En la actualidad son 1.038 kilómetros construidos. El más conocido es el tramo de Tijuana. Para 2011 son casi seis mil personas las que han muerto, la mayoría mexicanos y centroamericanos. En la medida en que se refuerza la vigilancia, la gente se aventura hacia zonas más peligrosas. Una de las imágenes que más conocemos de Tijuana es la del inmenso muro partiendo la ciudad. Partiendo el océano. El muro posee iluminación de alta intensidad con detectores de movimientos, sensores electrónicos y visores nocturnos. Los métodos de vigilancia de la patrulla fronteriza, son cada vez más sofisticados. Equipados de camionetas y helicópteros, la guardia es permanente. Existen tramos de la barda en los estados de Arizona, Sonora, Nuevo México, Baja California, Texas y Chihuahua. A la vigilancia gubernamental, se suman los llamados Minutemen, ciudadanos norteamericanos, muchos de origen hispano, que se autoadjudican el papel de salvadores de la patria, y se dedican a entregar migrantes a la patrulla fronteriza.
Del lado de los Estados Unidos, cada tramo está enumerado. Esto permite que pueda arreglarse sin mayor dificultad cuando así lo requiera. Del lado mexicano, además del universo humano que se mueve a su alrededor, el muro se ha convertido en un espacio de protesta. Los graffitis, las obras de arte, las urnas de colores que exponen el número de muertos por años, lo revela. También se exponen cruces con el letrero: No olvidado, como recuerdo a esos muchos que han muerto en el intento.
2.2.-Llamarse Jonh o Jane Doe
En el cementerio Terrace Park de la ciudad de Holtville en California, están enterrados migrantes cuyos cuerpos nadie ha reclamado. Unos ladrillos señalan que allí reposa un difunto. Quizá los bautizaron en su día como Valentín, Guadalupe, Juan Diego, o Francisco. Ahora todos los varones se llaman Jonh y las mujeres Jane. El
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apellido es Doe. Grupos pro migrantes como Ángeles de la Frontera, les llevan flores el día de los muertos para que al menos aquella imagen, muestre un poco de humanidad.
2.3.-Pueblos fantasmas en México
A los pueblos los miro solitos/Cada día salen más emigrantes/Aunque pongan mil muros los gringos/la pobreza hará que los salten.
Sangre Felina. El muro de los gringos.
La mayoría de sus habitantes se han ido. Y estos pueblos, donde una vez hubo vida, quedaron como espectros que reflejan el fenómeno migratorio. A pesar de la crueldad de las formas de morir en el camino, ahogados en el río, asfixiados en camiones de carga, deshidratados en el desierto, o en manos de los narcotraficantes, lo que parece quedar retratado en la psique profunda del migrante es -entre las múltiples imágenes que construye cada cual- la casa de ladrillos con jardín, y con una grama muy bien cortada, que al puro estilo norteamericano, construyó el vecino, el familiar, el amigo.
Casas que se levantan imponentes, al lado de la humilde vivienda hecha de piedra. Casas que reflejan el éxito del migrante, un triunfo que generalmente es medido a través de logros económicos. Lugares construidos con la idea de que algún día se regresará al terruño a vivir el último pedazo de vida. En Michoacán, Oaxaca, o Morelos la migración hizo realidad a la Comala que Juan Rulfo inmortalizó en su novela Pedro Páramo.
3.-La frontera colombo-venezolana: donde el límite internacional se desdibuja.
Tiene 2.260 kilómetros de longitud. Los estados que la conforman, son por Venezuela, Zulia, Táchira, Apure y Amazonas. En el caso de Colombia, son los departamentos de La Guajira, El Cesar, Norte de Santander, Boyacá, Arauca, Vichada y Guainía. Al igual que la frontera entre México y Los Estados Unidos, ha estado marcada por el tema de la violencia. La presencia de diferentes actores, como guerrilla, paramilitarismo, narcotráfico, militares, y las combinaciones que entre ellos se generan, han arrastrado a la sociedad civil a situaciones de indefensión y vulnerabilidad, haciéndola dependiente de las vertientes que tome el conflicto. De los acuerdos y desacuerdos de sus principales actores.
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Los desplazamientos han sido una de las consecuencias de mayor impacto. Además de la población criolla, las comunidades indígenas se han visto afectadas no sólo en términos territoriales, sino también culturales. Territorio, hábitat y lugares sagrados, han sido destruidos.
3.1.-Venezolanos y colombianos en la frontera.
Si la miramos de Norte a Sur, la frontera colombo-venezolana destaca por su diversidad cultural. Si lo hacemos de este a oeste, o viceversa, la realidad es otra. Se evidencian regiones culturalmente homogéneas divididas por límites geopolíticos. El caso más emblemático es el de la etnia wayuu ubicada entre el Departamento de la Guajira en Colombia, y el Estado Zulia en Venezuela. Un grupo indígena para quienes la Guajira en una sola, queda dividido por tratados internacionales entre los alijunas, como denominan a los criollos.
Históricamente la gente de la frontera colombo-venezolana se ha movido de un lado a otro, según hacia “donde sople el viento”, como ellos mismos refieren. En la década de los setenta, debido al boom petrolero, Venezuela se convirtió en receptora de población colombiana. De aquellos que buscaban mejores condiciones de vida, y también de quienes huían de la violencia política. Esto ha cambiado. Hoy en día Venezuela es un país expulsor de población. Y los colombianos no la perciben como espacio para migrar. Actualmente son los venezolanos quienes se están desplazando hacia el país vecino.
4.-Ser de aquí y ser de allá. Ésa es la cuestión
Ser fronterizo es hacerse un ser de dos fronteras, poder vivir dentro de dos, o vivir dentro de una o también poder vivir fuera de las dos, entender, apreciar y poder celebrar la salvación y la maldición de cada una( Burciaga José A., 1996: 17)
Usualmente, las políticas dirigidas a los espacios de fronteras, son realizadas desde visiones que no se corresponden con las realidades que surgen de la práctica. Uno de los temas tratados desde un discurso envuelto en cierto nacionalismo exacerbado es el referido a la identidad nacional. Desde tal perspectiva a la identidad
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se la concibe como un ente aprehensible, que el contacto con “el otro”, con “el de al lado” puede perturbar. Pareciera existir el temor de que en el momento de cualquier enfrentamiento armado, bien sea por temas territoriales, políticos, o de cualquier tipo, los ciudadanos de frontera no sepan que hacer. Se les imagina como seres disociados entre dos países. Son discursos que están lejos del mundo cotidiano vivido. Lejos del lugar real donde la cultura de frontera se constituye.
De esto es consciente el habitante de la frontera. Los medios de comunicación se encargan de hacérselo saber. Los venezolanos consideran que sus compatriotas del centro los perciben como “venezolanos de segunda”. Igual opinan los colombianos. “Somos vistos como colombianos de segunda”, dicen. (En Zamora, 2011:184)
La cultura de frontera obedece a una práctica fundada con los años. Alimentada de símbolos, y estructurada dentro de un mundo práctico donde el cuerpo social negocia maneras de solventar sus necesidades. Un ejemplo de ello es la posesión de doble cédula. Un colombiano, habitante de un pueblo limítrofe venezolano que portaba documentos de ambos países me contaba que si la Guardia Nacional(cuerpo de seguridad venezolano), le solicitaba papeles, entregaba la cédula venezolana. Si lo hacía el DAS (cuerpo de seguridad colombiano), le entregaba la carta de identidad colombiana. Es un ejemplo entre muchos que muestra la manera como los habitantes de la frontera se valen de mecanismos que les permitan resolver sus necesidades.
Sobre el habitante de la frontera recae una exigencia: ser “el guardián de la patria,” llámese ésta venezolanidad, colombianidad, mexicanidad, o americanidad. Esta apreciación es extensible a cualquier espacio fronterizo. Mientras que para las personas de cualquier otro lugar del país, hablar varias lenguas, degustar diferentes platos, incluir distintos usos y costumbres en su cotidianidad las hace “cosmopolitas”, entre los habitantes de la frontera cualquier identificación con “el otro” sería -para quienes manejan este tipo de discurso- un peligro para la patria. El sujeto de frontera estaría contaminándose de algo que no le pertenece.
“… los fronterizos tienden a ser más cosmopolitas que los mexicanos del interior: el hecho de que a mí me guste el jazz y hable inglés no quiere decir que haya sufrido alguna pérdida de mi identidad étnica como mexicano”. (Bustamante: 1996:50)
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Según Jorge Bustamante, los mexicanos de la frontera rechazan ser catalogados como “pochos”. Como quienes que han perdido su condición de mexicano. Consideran que los ven como agringados. (Ibídem). La estigmatización hacia los sujetos de frontera es un fenómeno que tiende a universalizarse.
“… el sesgo etnocéntrico se exacerba por una noción que en términos coloquiales, podría enunciarse de esta manera: ‘Entre más cerca vive un mexicano de Estados Unidos más se agringa’. Esta visión estereotipada suele ‘verse confirmada’ cuando alguien de la ciudad de México visita Tijuana y oye decir: “Ay te guacho a dos blokes de la marketa ése…” este lenguaje es interpretado como pérdida de mexicanidad los fronterizos consideran tal experiencia lingüística como una nacionalización local de palabras del idioma inglés…El uso de expresiones lingüísticas como la citada manifiesta una reafirmación étnica, más que una pérdida de etnicidad o mexicanidad, como resulta de la interpretación estereotipada” (Ibídem; págs:40-44)
Hablar desde las voces de quienes habitan estas zonas, de quienes construyen su universo en conexión con procesos históricos, socio-culturales, políticos y económicos que les son propios, es un reto para los estudios fronterizos.
José Manuel Valenzuela señala que “Las identidades son inevitables y concomitantes a la misma existencia del ser humano; sin embargo, no se presentan como baldosas descomunales de las cuales el individuo nunca puede liberarse, ni se asumen como mandato divino. El hombre no se encuentra sujeto insoslayablemente a ninguna identidad específica; las identidades son cambiantes, y los sujetos tienen capacidad relativa de discriminación, de selección y de adscripción” (Valenzuela, 2000: 17)
El sujeto social negocia desde la externalidad, y también desde lo interno, en una serie de procesos enmarcados en vivencias, necesidades, y deseos. Desde esta perspectiva, Anthony Giddens plantea que
El yo no es una identidad pasiva determinada por influjos externos; al forjar sus identidades propias, y sin que importe el carácter local de sus circunstancias específicas de acción, los individuos, intervienen en las influencias sociales, cuyas consecuencias e
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implicaciones son de carácter universal, y las fomentan de manera directa (Giddens, 1991:10)
4.1.-En la frontera se camina hacia donde sople el viento.
En los espacios de frontera son esenciales las relaciones de intercambio comercial. Éstas marcan la dinámica social, los escenarios cotidianos y su historia. Intentar realizar una arqueología social de las fronteras y particularmente de la colombo-venezolana, implica comprender las relaciones comerciales derivadas de la condición fronteriza. Entre ellas destaca el contrabando como fenómeno social. La manera como los habitantes de la zona se las han ingeniado para llevar mercancía de un lado a otro según la conveniencia, da cuenta de ello.
En los años noventa, un anciano de Ureña, un pueblo limítrofe de la frontera colombo-venezolana, me contaba esta historia, donde relataba la manera como contrabandeaba en sus años mozos:
Vendía cargas de leña. Las vendía en Escobal y en San Luis (Colombia) a 50 centavos la carga, pero con esos 50 centavos se hacía mercado pa’todo el día y sobraba plata. Me tocaba que ponerle al burro, como esto era empedrao, pa’ qui, pa’ bajo, me tocaba ponerle al burro botas de caucho pa’ que no sonaran y pa’ que el de la aduana no me sintiera pasar. Cuando pasaba del río pa’llá se las quitaba, pues venía ya bien el burrito. Había que estar buscando caucho pa’hacerle las botas, porque claro, se rompían siempre, no. Eran pa’ que no sonaran los cascos del burro, y la guardia nacional no nos sintiera. No había puente, lo que había era una canoíta, el canoera cobraba uno o dos bolívares por cada persona. Pachito era un hombre bueno, allá murió, en El Escobal. (Don Lucas en Zamora, 2001: 96)
Las relaciones familiares, de hermandad, propias de historias compartidas, hacen que, para el habitante de estas zonas, la noción de frontera sea distinta a la que tiene la gente del centro. Frontera no significará sólo “barrera”. La frontera es un lugar, un lugar donde suceden historias, donde se hace vida.
En la época de la revolución, algunos de mis hermanos y hermanas permanecieron unos en México y otros en Texas cuando era niño mi madre enfermó y me crió la hermana de mi padre. Mi verdadera madre estaba en Ciudad Camargo en
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México, y mi tía vivía en Río Grande en Texas. Yo las llamaba ‘mamá’ a las dos. Cuando tenía ocho años de edad iba al río solo, aunque era niño, tomaba el barco para ir de Río Grande a Camargo. El barquero me preguntaba siempre, ¿‘adónde vas, hijo’?, y yo le decía: a ver a mi mamá. Y cuando regresaba a Camargo y me preguntaba ¿ ahora a dónde vas hijo?. Y le decía, a ver a mamá. (Hassel, 1979:50)
Al igual que María Dolores Sánchez Soler, considero que para el habitante del centro, el concepto de frontera adquiere, en especial, connotaciones jurídicas, políticas y geográficas que separan lo nacional y lo extranjero. Sin embargo, para quien habita en ella, éste es un lugar de relaciones sociales, culturales y económicas que dividen, pero también unen, a través de infinidad de lazos visibles e invisibles. Para quien vive la frontera, la presencia de la otra cultura puede ser una presencia cotidiana, que por lo mismo pierde todo el romanticismo y la satanización, sólo posible desde la lejanía (Sánchez Soler, 1998: 42)
4.2.-Los mexicano-nortemericanos. El movimiento chicano
Y en estos espacios de encuentros, desencuentros, mezclas, historia, es central el papel que los mexicano-estadounidenses han tenido en el mundo de hibridaciones que los hace parte de una cultura donde se encuentran lo mexicanos y lo estadounidense. Chicano es el término que se utiliza para denominar a quienes forman parte de este universo. El movimiento chicano, lucha por sus derechos políticos y de educación. Han luchado contra el racismo y la discriminación. También, entre otras cosas, por el rescate de la herencia mexicana. El arte se ha convertido en una de sus armas. La música, la pintura, la poesía, y la literatura, han sido formas de plasmar mundos cotidianos de una comunidad que ha nacido y se ha desarrollado entre dos mundos.
5.-Mujeres de la frontera colombo-venezolana
En mi recorrido por la frontera colombo-venezolana entrevisté a familias de tres generaciones. El encuentro con las abuelas fue fundamental. Al papel central que las relaciones de parentesco tienen en cualquier sociedad, en las zonas de frontera, se suma
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el hecho de que dichas relaciones se desarrollan en medio de un límite geopolítico diseñado para dividir. Para separar. Un límite geopolítico que las relaciones sociales se han encargado de desdibujar. Gracias al encuentro con las mujeres de la frontera, aprendí a descifrar la manera en que, a través de sus prácticas cotidianas, se construye parte del mundo de relaciones micro-sociales que la identifica. Con ellas la idea de que todos hacemos cultura deja de ser una abstracción.
En América Latina, es común encontrar a mujeres que se han constituido en ejes centrales de la vida de cualquier pueblo olvidado. Son guardianas de tradiciones. Curanderas, parteras, maestras, brujas, y en muchos casos, madres de hijos propios y ajenos. Son mujeres que cantan, bailan, cocinan, curan enfermos, y organizan las fiestas tradicionales. Son en suma, matronas.
Un ejemplo de la construcción de relaciones de hermandad, lo encontré en las parteras del Estado Apure en Venezuela. Por aquellas tierras los niños atendidos por la misma partera se hacían “hermanos de ombligo”. Podían nacer de uno u otro lado del límite. Ellas se encargaban de hermanarlos. De establecer vínculos de parentesco a partir de su oficio. Son pues, artesanas de lo cultural.
5.1.-La negra Matilde, la de La Mulata.
La negra Matilde era la manifestación de la gran madre. Vivía en un pequeño pueblo limítrofe con Colombia. Fueron muchas las fiestas que organizó, las ollas colectivas que preparó para gente de uno y otro lado del río. Y sobre todo, muchos los niños que tuvo a su cargo. Una vez al levantarse encontró en la puerta de su casa, a un muchachito “sarnosito”. Lo dejó alguien que sabía que allí había una mujer que no le negaría cobijo.
Un teniente que venía mucho para acá, vino un día con su señora, entonces me dijo la señora que ella no podía tener hijos, que si no había un niño por ahí que no tuviera ni madre ni padre que lo reclamara, pa’ ella lleváselo. El niño corrió y me miró a mí, ésa fue una puñalada pa´mí porque ya yo lo quería como a un hijo, tenía dos años de tenerlo ¡yo ya lo quería como a un hijo! Y él corrió y me miró a mí ¿qué quiso decí con eso?, ¡que él sabía que era él! ¡él era el que no tenía ni madre ni padre! Y yo pues mija yo no le iba a quitá su suerte, ¡me dolió!, pero bien yo lo quiero como a un hijo pero ésa es su suerte. Entonces yo le conté a la señora [de cómo había aparecido en su casa], y ella me dijo: yo me lo llevo, y pasaron directo pa´Caracas, bueno, yo dije:¡eso!, yo no voy a saber nada de ése muchacho. Al tiempo, al tiempo fui al comando de Ureña a reclamar un bulto de panela, cuando veo yo pasar un carro que dentra pa´dentro, y oí cuando le dijo el chofer al guardia: ¿quién es la
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señora?, el guardia le dijo: la Mulata. ¡Ay la segunda mamá mía!, yo oí, pero yo no me acordaba, cuando se me viene y me pide la bendición, le dije yo: Dios te bendiga hijo, ¡pero yo no lo conozco!, ¡yo no me acuerdo de usted!. Me dijo: aquel que encontraste en la puerta de tu casa ¡ay! ¡nos pusimos a llorar juntos! (risas) Ése día me regaló cinco mil bolívares. Dijo: yo tengo en una libreta anotados los hermanos míos de crianza, los hijos suyos, yo los reconozco como hermanos míos de crianza, ¡en cualquier momento voy!. El nombre de él es Luis Alberto (Doña Matilde en Zamora, 2001:122)
Aunque no tenían en el pueblo una imagen de la Virgen del Carmen, Matilde armaba la fiesta. Una anciana llamada Cesárea Ramírez que vivía del lado colombiano, se la prestaba. Entonces la gente de La Mulata preparaba la procesión. Rezaban, comían, tomaban licor. En las fronteras encontramos un patrimonio histórico guardado en la memoria. Expresado en la palabra.
6.-Violencia en la frontera. México-Estados Unidos
Nadie inventa. Nadie exagera. La violencia se ha ido metiendo por las rendijas más intrincadas de la sociedad mexicana. A la violencia contenida en las “situaciones de cruce” se suma la presencia del narcotráfico. El cartel de los Zetas tiene entre sus prácticas secuestrar migrantes. Bien sea para obtener dinero a cambio de su liberación, o para que los hombres trabajen para ellos, como sicarios. A las mujeres las utilizan en tareas domésticas y como esclavas sexuales. Este Cartel se forma cuando algunos de militares desertan del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (GANFE) y de la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP) del Ejército Mexicano, creados para combatir al Ejército Zapatista, y se unen al narcotráfico.
Algunos de estos militares desertan y se incorporan a las filas del narcotráfico. A ellos se sumaron militares guatemaltecos preparados por la CIA, muchos de ellos, acusados de cometer genocidio en ése país. Se caracterizan por la crueldad hacia sus victimas. En un principio trabajaban para otros carteles, luego se independizan formando su propia organización. En 2009 inauguraron una iglesia en el pueblo de Tezontle, en Hidalgo. Una placa dejaba claro que Heriberto Lazcano, líder de los Zetas, había sido el benefactor. Cuando realizan fiestas celebran “al Lazca”. Hasta le cantan corridos.
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6.1.-En Tijuana una familia marcó la historia de la ciudad
Tijuana pertenece a Baja California. Aunque es Mexicali la capital del Estado, es Tijuana la ciudad más poblada y la de mayor movimiento fronterizo. En el mero centro está la Avenida Revolución. “La Revo” ha sido por años el lugar donde norteamericanos y gente de distintos sitios va a divertirse. Es así desde los tiempos en que el país vecino prohibió el consumo de bebidas alcohólicas. La Ley seca, que estuvo vigente desde 1920 hasta 1933, convirtió a Tijuana en el lugar donde los gringos desataban su Dionisos atrapado. Así, el libre ejercicio de la prostitución, la presencia de los table dance, los juegos de azar y muchos espacios de diversión, le valieron a Tijuana la fama de ciudad de vicios, borracheras y desenfreno. Pero la violencia como tal, se apoderó de la ciudad con la presencia del narcotráfico.
El cartel de los hermanos Arellano-Félix, conocido como el cartel de Tijuana ha sido considerado como uno de los más poderosos en la historia del narcotráfico en México. La detención de Benjamín Arellano Félix en 2002 y su extradición a los Estados Unidos en 2011, precipitaron su caída. Once hermanos, siete varones y cuatro mujeres, han estado al frente de una organización que se adueño de la ciudad. Todos eran susceptibles de ser comprados. La Iglesia se rendía ante sus favores. En el 2004, el obispo de Aguascalientes Ramón Godínez declaró que dinero proveniente del narcotráfico, si era usado para fines benéficos, se podía limpiar. Aunque después se retractó, quedaba claro lo que todo el mundo sabía, que la iglesia en Tijuana recibía dinero proveniente del narcotráfico.
Cuando un capo es detenido, lejos de ser un “duro golpe al narcotráfico”, como nos intentan hacer creer las autoridades, significa la ramificación hacia nuevos carteles. En ausencia del jefe mayor, que tenía el poder para mantener unida la organización, surgen organizaciones con nuevos mandos, que muchas veces obtienen el poder a sangre y fuego.
El cartel de Tijuana se caracterizó por la presencia de los “narco-juniors”, jóvenes pertenecientes a las familias económicamente acomodadas de la región, que se dedicaban a dirigir el negocio de la droga. Se autoproclamaron los dueños del mundo y utilizaron la crueldad para crear terror y pánico. Sus modos de vida estaban identificados con la exuberancia. En Tijuana todo el mundo callaba. Un silencio
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fundado en el miedo. También cómplice. No podían imaginar que aquella feria de dólares que circulaba por la ciudad, alcanzaría dimensiones inconmensurables de violencia que los arrastraría a todos. La violencia no es una sorpresa para los narcotraficantes, forman parte de ella. Una corta vida marca su destino. De ahí los excesos. Hay que gastar el dinero obtenido, aunque sea de las maneras más extravagantes.
Sinaloa, aunque no es un estado limítrofe, está ubicado también al norte. Aquí la presencia del narcotráfico ha tocado estamentos sociales profundos. Se refleja, entre muchas otras cosas, en la presencia de “las buchonas”. Son las mujeres de los narcos. Busto y nalgas pronunciadas a fuerza de silicona. Cabello largo y liso, uñas adornadas con cristal swaroski y brillo, mucho mucho brillo.
Lejos de ocultarlo, lo exponen. Es un reto. Un desafío. Han decidido ser “las meras, meras”. Algunas buchonas han pagado con sus vidas haberse salido de la línea crudas historias de asesinatos y torturas, forman parte de este escenario de crueldad. Si estás con un narco tu vida ya no te pertenece. La narco-cultura impregna a sociedades que se van enfermando ante nuestros ojos.
6.2.-Los narcos. La peor cruz de los migrantes.
Las denuncias de los mexicanos por el trato que reciben sus compatriotas que intentan cruzar a los Estados Unidos, son comunes. Sin embargo, la manera como las autoridades mexicanas han dado la espalda a los centroamericanos y sudamericanos que utilizan a México como puente para llegar al Norte, es una muestra más de la naturalización de la impunidad. De que la vida de los otros, no vale nada.
En una misión realizada en 2007, la Federación Internacional de los Derechos Humanos, presentó el informe titulado: “México-Estados Unidos: muros, abusos y muertos en la frontera. Violaciones flagrantes de los derechos de los migrantes indocumentados en camino a Estados Unidos”(FIDH:2007) explica con detalle esta situación. En la frontera sur de México, existen redes de mexicanos y centroamericanos que se dedican al oficio de polleros o coyotes. Cobran altas sumas de dinero por garantizar el cruce. La mayoría de los que cruzan son gente pobre que no tienen las posibilidades de pagar. Aventurarse solo o sola, es un riesgo. Y lo asumen. En esta zona, la violación de mujeres se ha convertido es una práctica común.
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Desde Veracruz tomaron dos camiones. En Tamaulipas fueron interceptados por los Zetas, el cartel de la droga que se dedica a secuestrar migrantes. El 22 de agosto de 2010, las páginas de los diarios daban la noticia. 72 cadáveres fueron encontrados en un rancho de Tamaulipas, en México. Cincuenta y ocho hombres y catorce mujeres. La mayoría eran centroamericanos. Negarse a trabajar como sicarios de los Zetas, les costó la vida. No ha sido el único caso. Se registran en México varios hechos similares al narrado. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, estos grupos han secuestrado entre septiembre de 2008 y febrero de 2009 a 9.758 personas. Es la cifra oficial, pero se estima que los secuestrados podrían llegar a los 20.000. (CAMARENA 2010: elpais.com)
7.-La violencia en la frontera colombo-venezolana.
Cuando en los años 70 y 80, Venezuela vivió la época conocida como el boom petrolero, los casos de injusticia, de maltrato por parte de la Guardia Nacional a los migrantes provenientes de Colombia, eran comunes. Esto ha creado resentimientos entre venezolanos y colombianos. El de los colombianos hacia un venezolano “nuevo rico”, que se creyó superior por el hecho de tener petrodólares. El resentimiento del venezolano por considerar que ha tenido que asumir las secuelas de una violencia que no le pertenece. Además de esto un desacuerdo limítrofe que es sacado del baúl, cuando a cualquiera de los gobiernos, el venezolano o el colombiano, le interesa despertar patriotismos con fines electorales, hace de esta zona un espacio en constante ebullición.
No es una historia que se remonta a la conquista, a la colonización. El despojo de la tierra a los indígenas continúa. La destrucción de su hábitat, el desplazamiento, la violencia y el racismo forman parte de la historia cotidiana de América. Los indígenas de la frontera, se han enfrentado a la división por parte de los blancos de sus territorios en dos países. El caso emblemático en la frontera colombo-venezolana es el de los wayuu.
7.1.-Los indígenas en la frontera. La masacre de Bahía Portete.
Entre los asesinatos a indígenas en Colombia, destaca el ocurrido Bahía Portete. Ésta se ha convertido en una masacre emblemática en Colombia. Ocurrió un 18 de abril
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de 2004 en el Departamento de la Guajira en la frontera colombo-venezolana. Un grupo de paramilitares ingresó a la comunidad con la finalidad de sembrar el terror y el caos. Su objetivo era que los wayuu abandonaran la bahía para apoderarse de la zona y dedicarse libremente al narcotráfico.
En Bahía Portete fueron asesinadas tres mujeres, una niña y dos hombres pertenecientes a la etnia. Todos los habitantes del caserío huyeron hacia Maracaibo en Venezuela, y hacia Rio Hacha en Colombia. Seiscientos wayuu se convirtieron en desplazados.
Los paramilitares no sólo querían amedrentar a la población, sino afectarla moralmente. Las mujeres lideresas de la comunidad fueron tomadas como objetivos de guerra. Se dirigieron a la casa de Margoth Fiance Epinayu de 70 años, fundadora de la Asociación Indígena de Autoridades Tradicionales. Margoth contaba historias de la playa y mitos de mujeres que se convierten en aves. Se oponía a la alianza con estos grupos. La asesinaron. Era de mañana. Los hombres habían salido a pastorear y a pescar. En la aldea se encontraban sólo mujeres, ancianos y niños. Ángela Pushaina vio a los paramilitares. Le gritó a su hija Reina Fince Pushaina de 13 años que avisara a su tía Rosa Fince Uriana (otra de las lideresas de la comunidad) que los alijunas (los blancos) se acercaban.
Reina corrió por aquel desierto como saben hacerlo las niñas wayuu. Alcanzó a dar el recado y huyó junto a sus tías Rosa y Diana. Pero la fatalidad les hizo equivocar la dirección. Los encontraron de frente. A Rosa la asesinaron con la crueldad que ellos acostumbran. Como forma de escarmiento hacia “ellas”; le cortaron los senos. Se sabe por testigos que Diana y la niña también fueron asesinadas. Sus cuerpos no han sido encontrados lo cual les limita, según la tradición wayuu, el ritual del entierro. Se les niega el camino al Jepirrá (lugar sagrado) y la ascensión a la Vía Láctea.
El cuerpo femenino fue tomado como objetivo de guerra; personificando mutilamiento y destrucción. En la cultura wayuu, la mujer es identificada con la tierra. Representa linaje, memoria, y tradición. No participan directamente de la guerra. Junto a los niños son intocables. En los momentos de enfrentamientos entre clanes, son las únicas que pueden desplazarse de un lado a otro y tocar los cadáveres. Los limpiarán y los prepararán para el entierro. Sirven de puente en el paso hacia el otro mundo. En Bahía Portete, escondidos entre los árboles algunos wayuu presenciaron los hechos. Los
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paramilitares profanaron el cementerio. También sueños y recuerdos. Hicieron del territorio, de la casa; un infierno.
Uno de los rituales sagrados para los wayuu es el segundo entierro. Después de cinco o siete años, los difuntos anuncian a través de sueños que ya es el momento del ritual. Es entonces cuando el alma alcanzará la paz eterna. El descanso de los difuntos es también el descanso de los vivos, pero “ante tanta matanza, en esta masacre, los espíritus de los difuntos no están en paz, ni nosotros tampoco” (ACNUR: 2005)
Tres días después de los sucesos, el 21 de abril de 2004, cinco mujeres escogidas por la comunidad se dirigieron hacia Bahía Portete. A Rosa la reconocieron por su manta. A Margoth se la llevaron envuelta en unas sábanas blancas. Recorrieron los cardones. Se internaron entre los matorrales. Aterrorizados y hambrientos encontraron a sus paisanos. Allí estaban los ancianos que no tuvieron fuerzas para huir.
Después de los sucesos las mujeres se organizaron aún más. Fundaron la asociación Mujeres Tejiendo Paz. Entre las manifestaciones de prestigio femenino está la capacidad de conocer los secretos del tejido. Realizan figuras que son valoradas de acuerdo a su grado de complejidad. Esto las hace poseedoras de las capacidades de Wale’kerüu deidad que enseñó a tejer a todos los wayuu. El tejido es también una de las principales fuentes de sustento familiar. Es el cielo. Es la tierra. Pretenden, a través de la condición que las hace tejedoras de los hilos de la vida construir la paz.
A partir del seguimiento de algunas de las actividades de la organización “Mujeres Tejiendo Paz”, he observado que entre ellas las nociones de cultura, territorio y paz, no se muestran como externalidad, sino como “propio ser”. “Somos símbolo de paz” es uno de sus preceptos. Sus cuerpos que fueron tomados como objetivos de guerra y de destrucción, ahora, dentro de su propia vulnerabilidad, se reconvierten en poder. En fuerza. Se constituyen como territorio resimbolizado y resignificado.
En abril de 2005 al cumplirse un año de los sucesos, más de cuatrocientos wayuu fueron a Bahía Portete a recordar a sus muertos. A dar inicio una ceremonia a la que denominan Yanama. Cada año desde esa fecha, se reúnen con otros grupos indígenas que participan de la ceremonia junto a algunos alijunas (no wayuu). Las mujeres tejen. Todos conversan, bailan. Realizan actividades cotidianas. Lloran, recuerdan, narran, ríen. Se sumergen en todo aquello que se les torna negación de la
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violencia. Sanan un territorio que les ayuda también a sanar sus propias heridas. Sus vidas. Los Yanamas se han convertido en el sueño por la recuperación de los símbolos ancestrales. Significan según Deborah Barros, familia de las víctimas y directora de la Asociación Mujeres Tejiendo Paz: “tratar de curar no sólo la parte ritual asociada al llanto de los muertos, sino la determinación de no dejarse despedazar culturalmente”(CNRR 2010). Para el 2011, después de siete años de la masacre, los wayuu continúan desplazados. Unos en Maracaibo-Venezuela, otros en Rio Hacha-Colombia. Regresar a Bahía Portete, se ha convertido en una expresión de lucha por el territorio. No sólo para ellos, sino también para todos aquellos desplazados de Colombia.
8.-Santos de la frontera.
Los cultos populares muestran algunas de las maneras como el sentir popular busca formas de construir símbolos y rituales que den sentido a su existencia. Que den cuenta de la presencia de un más allá al que se puede acceder por intermediación de los santos. Algunos de estos santos nacen de espacios sociales comunes a los devotos. Se les parecen. Estos personajes, tienen en su haber no sólo historias envueltas en halos místicos e inalcanzables, sino una vida terrenal que con el tiempo se deifica, sin dejar de perder su carácter terrenal. Esta condición permite al devoto que desde su realidad concreta pueda semejarse a la vida del santo.
Así el sujeto hecho santo se manifiesta a partir de dos dimensiones. Una que lo hace tierra. Otra que lo hace cielo. Cuando lo terrenal es sacralizado, el santo se separa del devoto y se coloca al lado de Dios. Pero no se separa del todo. Lo lleva consigo. El devoto, al tener características comunes a las del santo, estará conectado con la divinidad. Su santo, que ha vivido situaciones similares a la suya, es capaz de escucharle. Sobre todo de entenderle. Han compartido vivencias. Se han mirado a los ojos. En esencia, han sido victimas de injusticias. Saben lo que significa ser vencidos por un poder que tiene múltiples formas de manifestarse.
8.1.-Juan Soldado Versus Juan Castillo Morales. Santo y demonio.
Juan Castillo Morales tenía 24 años cuando le aplicaron la ley de fuga en 1938. Su cuerpo se desplomaba a causa de las heridas de bala, mientras gritaba que era
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inocente. Según la tradición oral, fue acusado de violación injustamente. El culpable habría sido un capitán que, tras prometerle que lo sacaría de la cárcel, lo instigó para que se incriminara. Sin embargo, lo abandonó, lo traicionó y dejó que lo mataran. El capitán que representa el poder, vence al débil. Al soldado raso. Repetición de la historia de los vencidos. De cada uno de aquellos que deciden arriesgar la vida para cruzar “al otro lado”. Basta ver las marcas que reflejan días de cansancio y de hambre en los rostros de quienes deambulan alrededor de la valla, para saber que son los olvidados de la tierra. Juan fue vencido en la tierra. La imaginería popular lo subió al cielo. Y dio el salto. Y saltó la valla que separa lo terrenal de lo celestial. Ya elevado, el devoto le pide en compensación que use el poder que le ha conferido y que le ayude a cruzar hacia los Estados Unidos.
Su sepulcro está en Tijuana, en un cementerio cerca, muy cerca del muro. Como rito de paso -nunca mejor dicho- los migrantes se acercan a colocarle una veladora, para que los ayude. Para que la migra no los atrape. Para que les conceda el don de la invisibilidad. Además de ser venerado en el cementerio, tiene otra capilla en el lugar donde cayó abatido.
8.1.1.-La otra historia.
Era el año 1938. Tijuana era una ciudad pequeña, de pocos habitantes. Un crimen conmovió a la población. La niña de siete años Olga Camacho Martínez, hija de un líder sindical, fue violada y asesinada. Las pruebas condujeron al soldado Juan Castillo Morales, quien se habría declarado culpable tras la contundencia de las acusaciones. La gente del pueblo quería lincharlo. Incendiaron la jefatura de policía y la oficina de gobierno. La policía entregó el caso a la jurisdicción militar.
El día de la ejecución, la gente fue a presenciar el acontecimiento. A constatar con su propios ojos la manera en que aquel asesino pagaba por el crimen que cometió. Lo miraron caer. Pero Juan Castillo Morales habría gritado antes de morir, “¡soy inocente!”. Gritó a sabiendas de que no había posibilidad de salvarse. Esto habría sembrado la duda. Juan Castillo Morales se convirtió en Juan Soldado y comenzó a realizar milagros. De las piedras que la gente colocó sobre su cuerpo inerte, habría salido sangre. Después de muerto se habrían escuchado sus gritos declarándose inocente. De allí en adelante la tradición oral se ha encargado de seguir construyendo la historia.
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Sin poder hacer nada, la madre de la niña, sus hermanos, sus familiares impotentes, han visto crecer el mito “Juan Soldado”. Han presenciado cómo el sepulcro de quien para ellos es un asesino, se ha llenado de exvotos convirtiéndose en santuario. En el mismo cementerio, desconocida, se encuentra la tumba de la niña Olga Camacho Martínez.
Independientemente de cuál sea la realidad de esta historia, los migrantes no han santificado a un asesino. Han santificado, según concibe la tradición popular, a un inocente que fue asesinado injustamente. Han santificado a un personaje que se les asemeja. A otra victima de la injusticia. Del poder. A un olvidado de la tierra.
8.2.-San Toribio Romo
A diferencia de Juan Soldado, no se cuestiona la santidad de Toribio Romo. Era sacerdote católico. Fue asesinado por agraristas y federales el 25 de febrero de 1928. Testimonios de familiares y de quienes le conocieron, así como sus escritos, le muestran como a un ser dedicado a la adoración a Dios y al sacerdocio. A esto se suma su martirio. Todas las piezas encajaban para que el 22 de noviembre de 1992 fuese beatificado, y el 21 de mayo de 2000 canonizado junto con 24 compañeros. Su vocación religiosa desde la más temprana edad y los milagros realizados, lo llevaron a la santificación. A los Altos de Jalisco llegan devotos desde distintos lugares de México a venerarlo.
La Constitución post-revolucinaria de 1917 hacía énfasis en la separación Estado-Iglesia, cuestión que se manifestó en los gobiernos de Venustiano Carranza y Alvaro Obregón, y se intensifica cuando Plutarco Elías Calles asume el poder en 1924. Sus políticas orientadas a restringir la autonomía de la Iglesia cobraron cuerpo con la aplicación del artículo 130 de la Constitución, a través del cual se le desconocía personalidad jurídica. La Iglesia temía perder sus cuotas de poder. La Ley Calles promulgada el 31 de julio de 1926, marca el inicio de lo que será uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea mexicana: la guerra cristera. Aproximadamente ochenta y cinco mil personas murieron en el enfrentamiento entre defensores de la Iglesia, federales y agraristas. Se abrieron nuevas heridas en una población en que aún no habían cicatrizado las ocasionadas por la Revolución de 1910. En este contexto es asesinado el padre Toribio Romo.
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Toribio Romo nació en los Altos de Jalisco, en Jalostotitlán. A los doce años ingresó en el Seminario. En los años de la guerra, estuvo huyendo de la persecución, tras la cual debió pasar duras penurias. Sus escritos muestran fervor religioso. El padre Toribio Romo intuyó su muerte, escribió un testamento que confió a su hermano, también sacerdote. Al estilo de Sócrates, quien antes de tomar de tomar la cicuta le pide a Critón que no se olvide de pagar el gallo a Esculapio, el padre Toribio Romo le indica a su hermano que le pagara tres pesos cincuenta centavos que le había quedado debiendo al señor cura de Yahualica. (En Página Oficial de san Toribio Romo).
Son muchos los testimonios de migrantes a quienes Toribio Romo se les habría aparecido. Versiones de un hombre blanco que en el desierto ayuda a los necesitados llevándoles agua, para que no mueran de sed, que los guía en el camino, que los salva en la travesía, son contadas por muchos devotos. Es san Toribio Romo. A él, le han escrito varios corridos. Ya son miles de ilegales /que le empiezan a rezar /le piden al padre Romo/ que los ayude a cruzar /desiertos, rios y fronteras/ para sus sueño alcanzar
Como un Ángel o un fantasma/Se aparece al ilegal/Los cuida y hasta los cura
Pa que puedan continuar /Y luego desaparece /Señal que van a llegar.
Los originales de San Juan. Todos tenemos un santo.
8.3.-Jesús Malverde. El Robin Hood de Sinaloa.
Estas son las mañanitas/que canto pa’ que recuerden/que tenemos quien nos cuide/ el Ángel Jesús Malverde/.
José Luis Jiménez. Mañanitas a Malverde
Aunque en la historia oficial, no está certificada su existencia, para la tradición oral, Jesús Malverde era un salteador de caminos que robaba a los ricos y repartía lo obtenido entre los pobres. El bandido generoso. El Robin Hood de Sinaloa. No usaba balas ni violencia. Tenía poderes y dominaba a los ricos a través de la oración. El gobierno ofrecía dinero a cambio de su cabeza. Su madre había muerto de hambre y Jesús quería darle de comer a su gente. Por eso robaba. Fue capturado en el gobierno de
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Francisco Cañedo en 1909, justo antes de la Revolución Mexicana. En una de las versiones sobre su captura, se dice que un compadre lo delató. Que lo entregó por unas cuantas monedas. Hay varios episodios de su historia, en que se establecen vínculos con la vida de Jesús de Nazareth. La traición por uno de los suyos es un claro ejemplo.
En otra de las versiones se cuenta que después de herido por sus perseguidores, pidió a su compadre que esperara hasta su muerte y lo entregara. De esta manera su compadre podría cobrar el precio que se ofrecía por su cabeza. A través de cualquiera de las versiones se sacraliza al bandido generoso. Bien por su semejanza con el Jesús bíblico; o bien por su bondad. Luego de morir, el bandido generoso es colgado a la vista de todos. Para que sirviera de escarmiento su cuerpo fue dejado a la intemperie.
Quien le diera sepultura sería severamente castigado. Un arriero que pasaba por el lugar y había perdido una de sus vacas, imploró a Jesús que le hiciera el milagro de devolvérsela. Y así fue. En gratitud lo bajó del árbol. Ya en el suelo, la gente cumplió y no cumplió el mandato. A su manera, transgredieron la orden. No lo enterraron, pero fueron colocando piedras sobre su cuerpo. Una y otra, hasta formar un montículo. Lo enterraron “hacia arriba”. Lo elevaron. Y Jesús fue convertido en santo. En el santo de los pobres. A su tumba, una crucecita abandonada en medio del camino, se acercaba gente en busca de protección.
Había sido tiroteado. Malverde le salvó la vida. En gratitud, a mediados de los años setenta, Don Eligio González León, quien se dedicaba a vender periódicos, se consagró a cuidar de la tumba. A limpiarla. A colocarle flores. Se convirtió en sumo sacerdote. Con la ayuda de los devotos, a Jesús se le levantó una capilla en Culiacán. Don Eligio también escribió un novenario para rezarle. Hoy es famosa. Nunca falta la música de banda. Está llena de ofrendas. De exvotos. Y Malverde, junto a la Virgen de Guadalupe, Jesús de Nazareth, San Judas Tadeo y otros santos recibe a los devotos.
En la capilla de Malverde, allá en Culiacán, se me acercó un hombre joven. Quería que le tomara una foto. Se abrazó al santo. Era como si quisiera mimetizarse con él. Me dijo que se iba a Arizona a trabajar de jornalero. Que quería llevar aquella imagen consigo, para que lo ayudara en el camino. Son muchos los migrantes que ven en Jesús Malverde un santo protector.
8.3.1.-El Santo de los pobres versus el santo de los narcotraficantes.
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Sinaloa está considerada como la capital del narcotráfico en México. A partir de los años ochenta, a Jesús Malverde se le identifica como el patrono de los narcotraficantes. Su figura ha sufrido un proceso de resemantización. Era un sinaloense más, que en la dictadura de Porfirio Díaz (1877-1910) como gran parte de la población, fue víctima de injusticia social. Esto lo convierte en salteador de caminos. Después de su muerte a manos del gobierno, empieza a realizar milagros y es venerado. Hoy en día se le conoce como el “santito de los narcos”. En casi la totalidad de los trabajos periodísticos, se le califica como santito de los narcos, el narco-santo, o el narco-santón. Siempre se alude a tal condición.
En la medida en que la guerra contra los narcotraficantes se ha hecho más violenta, y que los crímenes de estos últimos destacan por su crueldad, la figura de Malverde se ha satanizado. Si eres el santo de los narcos, si los ayudas, entonces eres uno de ellos. Pareciera ser la máxima que envuelve su figura. Se sabe de capillas colocadas en sembradíos de marihuana y de amapolas. Algunos de los detenidos por narcotráfico se identifican con la figura y llevan amuletos o el cuerpo tatuado con su imagen. Se han compuesto muchos corridos que en sus letras ponen de manifiesto tal relación.
Pese a que tanto te rezo/yo nunca te pido nada/humildemente te pido/ sólo Juárez y Tijuana/una parte de Guerrero/y la Sierra de Chihuahua.
Los Cadetes de Linares. Jesús Malverde.
El caso de Malverde refleja la manera en que la atemporalización puede concebirse como una característica de algunas figuras sagradas. En la actualidad Malverde carga con los crímenes del narcotráfico. Con aquello que identifica a parte de sus devotos. Se mimetiza con ellos en una relación bidireccional: devotos-figura devocional. Se impregna de características atribuibles a sus fieles. En los años setenta, se le conocía como el bandido generoso que ayudaba a los pobres. Después de los años ochenta, cuando los narcotraficantes lo convierten en su protector, la figura cobra otro significado. Su rostro aparece en espacios relacionados con el negocio de la droga y todo aquello que la rodea. La construcción de símbolos alrededor de estas figuras puede concebirse desde dos dimensiones. Por un lado, la expuesta, donde la imagen devocional se impregna de las características de sus creyentes. Por el otro la del creyente, quien para ser realmente
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un seguidor de Malverde, practica aquello que lo identificaría a su santo. Por ejemplo ayudar a los pobres. Los fieles lamentan que el santo de los pobres, se haya convertido en el santo-narco. Sienten que les ha sido expropiado. “No es el santo de los narcos como dicen, es el santo de los pobres, del que venga y le pida con fe. Él es el bandido generoso, el santo del pueblo”, dice Jesús Manuel González encargado de la capilla. (MILENIO; 2011)
Cada 3 de mayo, día de la Cruz y fecha según la tradición popular en que nació Jesús Malverde, se realiza la fiesta en su honor. El santo del pueblo es sacado en procesión. A la muerte de Don Eligio en el año 2002, su hijo Jesús Manuel, sigue la obra iniciada por su padre. Ése día la gente pobre recibe regalos. Desde juguetes hasta electrodomésticos. Es una manera de honrar al Robin Hood de Sinaloa.
Aunque sus fieles no tengan ninguna relación con el negocio de las drogas, llevar una figura de Malverde, un tatuaje, puede levantar sospechas. Muchos añoran al primer Malverde, al del rostro que evoca al galán mexicano. Rostros que México exportó en la época dorada del cine a través de figuras como Pedro Infante, Jorge Negrete, o Pedro Armendáriz, entre otros. Sus seguidores de siempre, añoran al Malverde concebido como Ángel de los pobres. Al Robin Hood de Sinaloa.
Las fronteras colombo-venezolana y la mexicano-estadounidense están consideradas como las de mayor actividad humana en América. Se asemejan en algunos aspectos. Y en muchos se diferencian. En la primera, el límite internacional divide regiones similares culturalmente. En el caso de México y de Estados Unidos, un muro limita toda posible interacción en un espacio de frontera donde culturas diferentes podrían encontrarse. El hecho de que México sea vecino del país más industrializado del mundo, y Estados Unidos lo sea de México, ha sido determinante en la historia que ambas naciones han escrito sobre si mismas.
Una historia marcada entre otras cosas por el movimiento migratorio de mexicanos hacia el Norte. Con el transcurrir de los años se ha formado una generación de mexicanos-estadounidenses, que se sabe parte de dos mundos; son los chicanos. Un grupo que lucha por su identidad, su historia, y sus derechos.
En Venezuela y Colombia es común encontrar familias binacionales en la frontera y fuera de ella. No existen grupos conocidos como “los colombo-venezolanos”, que se piensen parte de una identidad particularizada. Sí existen personas en la frontera, que conciben ambos países como propios. Así como también quienes vivencian su
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condición de sujetos de frontera, identificados con la realidad cultural de una zona, que muchas veces es incomprendida desde los lugares no fronterizos de Venezuela y de Colombia. Pero no es un sector consolidado como el caso de los chicanos. Analizar esta circunstancia nos podría dar elementos para caracterizar algunos aspectos de la manera como se ha estructurado culturalmente el encuentro de venezolanos y colombianos, así como de mexicanos y estadounidenses en sus espacios de frontera.
Ambas zonas han estado marcadas por el tema de la violencia. Colombia se ha visto afectada por un conflicto que data desde los años cuarenta, reflejado en la presencia de guerrilla, militarización, paramilitarismo y narcotráfico. Destacan las secuelas que todo esto ha dejado en la población en general y en la frontera en particular. En el caso de la frontera mexicano-estadounidense, la construcción del muro, el cruce de migrantes y la presencia del narcotráfico, han hecho también de ésta, una zona de tensión.
Las relaciones de parentesco, las simbiosis y antagonismos propias de grupos en interacción, la estigmatización de los habitantes de las fronteras, los discursos dirigidos a estas zonas, el tema de la identidad nacional, así como las prácticas generadas a partir de las relaciones de intercambio comercial, son aspectos que destacan por su centralidad en el estudio de estos territorios.
Cuando de estudiar este universo se trata, habría que destacar entre otras, dos dimensiones. La primera referida a las relaciones generadas por las características propias de los países que se encuentran en los espacios de frontera, como en las situaciones que las identifican al ser el escenario donde se construye un mundo identificado por el paso de migrantes. Realizar una arqueología social de estas zonas, que profundice en las relaciones cotidianas que allí se construyen, me parece una labor fundamental para las ciencias sociales.
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