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La migración como viaje iniciático. La llegada a la casa del alma

Por Elizabeth Zamora Cardozo

Los héroes emprenden viajes, enfrentan dragones y descubren el tesoro de su propia identidad.
Carol S. Pearson (1995:27)

¿Y qué es la vida sino un relato de aventuras? La aventura está presente en la mitología de distintas culturas. En los cuentos. En las leyendas. En el discurso cinematográfico y literario. En lo que soñamos dormidos. Y en lo que “ensoñamos” despiertos. Ese estado tan hermosamente retratado por Gastón Bachelard en su obra poética. Nuestra vida es un relato de aventuras.

Independientemente de la nacionalidad, de la cultura, de las condiciones económicas y/o familiares, emprendemos una travesía. Esa que llaman vida. Pero si además te conviertes en migrante, en habitante del “continente móvil”, a esta aventura se le incorpora el tránsito por universos desconocidos, donde tenemos que construir herramientas inéditas para enfrentar obstáculos igualmente inéditos. Asimismo, debemos ser capaces de abrirnos a los nuevos referentes desde los cuales se construyen la felicidad y la alegría.

El héroe sale del hogar y se somete a una serie de pruebas. De amenazas. En el trayecto encontrará protectores y aliados que le proveerán de pócimas mágicas para continuar la ruta. Luego vendrá el retorno. Ha logrado obtener lo que buscaba. ¿De qué manera podemos tomar conciencia de nuestro propia travesía? ¿Somos capaces de superar los retos? ¿De percibir la sutileza de la flor azul? ¿De reconocer cada una de esas pruebas en su forma externa-material e interna-emocional?

Después de realizar una extensa investigación sobre mitologías de distintas partes del mundo, Joseph Campbell en su libro El Héroe de las mil caras, destaca la manera en que la historia de la humanidad (aun cuando existan las particularidades propias de cada cultura) se expresa desde una estructura común. Ya de esto se había ocupado Carl Gustav Jung. El alma está impregnada de imágenes y de conocimientos arcaicos. Somos el reflejo de lo uno. De lo múltiple.

El concepto de Inconsciente Colectivo de Jung, se ha convertido en la expresión del sonido primario a través del cual intentamos escuchar la voz de la humanidad. La experiencia vital está impregnada de luces y de sombras. También de los múltiples matices que hay entre uno y otro estadio. Para C. Jung la integración del arquetipo de la sombra es esencial. La manera en que seamos capaces de integrar lo vital en cada una de nuestras facetas, dependerá de nuestra musculatura emocional, que como toda musculatura requiere del ejercicio constante para fortalecerse. Un viaje heroico en búsqueda de la fuerza interior no puede realizarse sin confrontarse con el mundo subterráneo.

Es por eso, que al igual que la psicóloga Carol S. Pearson, en algunos aspectos, tengo diferencias con el movimiento “New Age”. Amanece y digo: “soy feliz”. En el transcurso del día me repito: “soy feliz”. Y ¡zas!, por arte de magia…”soy feliz”. Los demás mortales terminamos sintiéndonos incapaces de tal proeza, atrapados en “la dictadura de la felicidad”. Significaría, como plantea Pearson intentar llegar al lugar soñado, sin realizar la travesía que aquello comporta. Saltándose la vida.

Esto sucede alguna veces con los migrantes. Sobre todo en la parte inicial del proceso. Logré llegar a la meta. Ahora “voy a ser feliz”. No significa que migrar sea igual a infelicidad. Se trata de no caer en la trampa de querer “saltarse” lo que la migración en si misma genera. Se trata de tomar conciencia de la nueva condición externa e interna. De saberse parte de las almas migrantes que formamos parte del “continente móvil”. En la medida que esto sea asimilado, la migración será entonces parte del camino trazado para llegar a la casa del alma. Al trono que está dentro de nosotros.

No podemos imaginar a Ulises llegar a Ítaca sin realizar su aventura. Tampoco a Jasón y a los argonautas llevando el Vellocino de Oro a Yolcos, sin enfrentarse a los dos toros que arrojaban fuego por la boca y a la serpiente que nunca dormía. La heroicidad no está contenida sólo en míticas historias de las que nosotros, simples mortales, estamos excluidos. Somos héroes y heroínas, entendiendo este concepto fuera de su visión egocéntrica, interpretándolo desde la conciencia del camino que debemos emprender para intentar alcanzar la casa del alma. En el mundo emocional las fórmulas mágicas no existen. Se requiere de arduos viajes para dejar (al menos por espacios cada vez mayores) de ser intemperie. Para evitar ser partícipes de un espectáculo en el que la protagonista sea nuestra alma convirtiéndose en carroña.


Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. F.C.E. 1972

Jung, Carl Gustav. Arquetipos e inconsciente colectivo. Madrid. Editorial Trotta. 2002

Pearson Carol S. El héroe interior. Madrid. Editorial Mirach.1995