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El baile del centauro. Quirón el sanador herido

Por Elizabeth Zamora Cardozo

Existen varias versiones de la manera en que fue concebido Quirón. La más difundida cuenta que el Dios Cronos se enamora de Filira, una ninfa hija de Océano y de Tetis. Como la acosaba y quería escapar de él, Filira pidió a Zeus que la convirtiera en Yegua. Entonces Cronos se convierte en caballo y sin su consentimiento; la posee. De esa relación nace Quirón. Mitad hombre. Mitad caballo. La ninfa tuvo un mal parto. No debe ser fácil dar a luz a un centauro. Reniega de su hijo y Cronos ni se entera de su existencia. Quirón es la expresión del abandono. Nace herido.

Filira pide a Zeus que la convierta en planta de Tilo, de esas que crecen cerca de la cueva del Monte Pelión donde nació el pequeño centauro. Apolo y Atenea se ocupan de enseñarle diferentes artes. La sombra de aquel árbol se convierte en su hogar. A diferencia de la mayoría de los centauros identificados como sátiros, el solitario Quirón era sabio y bondadoso. Se interesa por la poesía, la escritura, la música y esencialmente por las ciencias curativas. Fue maestro de Eneas, Hércules, Jasón, Peleo, Aquiles, Orfeo y de todos aquellos que solicitaban de su saber. A Esculapio le enseñó el arte de la medicina.

Un día sin querer, con la flecha que tenía sangre envenenada de la Hidra de Lerna, Hércules le hiere en una pierna. Cualquiera habría muerto a causa del veneno, pero Quirón era inmortal. La herida no sanaba. Por su condición de Dios no tenía la posibilidad de morir. Se dedicó a buscar formas de sanación. Aunque la de él continuara abierta, en ese transitar se fue impregnando de saberes que le servirían para curar las heridas de los otros. Carl Jung rescata el arquetipo de Quirón. Es el “sanador herido”. En mayor o menor medida, todos estamos heridos. Sin embargo, no por eso perdemos facultades que nos permiten acompañar a otros en su proceso de sanación. Cuando somos capaces de amar y de recibir amor, hacemos uso de nuestra mayor capacidad regeneradora.

Hay varias versiones sobre la muerte de Quirón. Una de estas señala que iba caminando y se acongoja al ver el martirio de Prometeo. El gran benefactor de la humanidad había robado el fuego a los Dioses para entregarlo a los hombres. Zeus lo condena a permanecer encadenado en una piedra. En las mañanas un águila se posaba sobre él y le devoraba el hígado. Pero en las noches le volvía a crecer. Quirón le pide a Zeus que lo coloque en su lugar. Ya en su condición de mortal, el veneno de la Hidra hace su efecto. Quirón muere y Prometeo es liberado.

Zeus convierte a Quirón en estrellas. Ahora está allá arriba, arropado por el cielo y formando la Constelación Centauro. De su nombre provienen las palabras quirófano, quiropedia, y quiromancia. Es el centauro que representa al signo de Sagitario.
El arquetipo de Quirón lo percibimos claramente cuando recorremos las historias de vida de importantes psicólogos, para quienes adentrarse en su universo interior, y mirarse cara a cara con sus heridas, les ha permitido descifrar misterios del alma humana. Es el fuego prometeico hecho conocimiento-medicina.

Este mito es la expresión de la muerte simbólica. El paso de un estadio a otro. Es la posibilidad de enraizarse con los pies en la tierra, y con la flecha apuntando hacia el cielo. Hacia el cielo siempre. En la propia casa o en cualquier lugar del mundo, porque la casa del alma puede estar construida de estrellas y habitar en cualquiera de las constelaciones que se dibujan en el firmamento.