El Arte de Migrar

Esculpir sentires.

Plasmar vacíos. Ofrecer sensaciones. Captar miradas. Conectar sentidos!
Un pequeño espacio para dar lugar a la creación escultórica que evoca
la migración.

Bruno Catalano

Los viajeros

Balbino Montiano

Monumento a los emigrantes

Bruno Catalano

Los viajeros

Tertulia poética.

Un refugio para la palabra.
Poemas diversos para escudriñar el alma.

Señor: Dirige mi nave a los países ocultos, enséñale a mi brújula a seguir el alocado rumbo de la libertad, hazme la merced de que al llegar a nuevas tierras pueda comprobar que toda criatura está hecha de canto, abrazo, estrellas, pensamiento, amor y colibríes. Deja que el mapa de nuevos mundos llegue a mis manos, pero permite que lo pierda para guiarme por mis ilusiones. Y ante todo, señor, concédeme la gracia de que en el infinito universo de los viajes, sea yo el que, una y otra vez, es descubierto.

Jairo Aníbal Niño

Ser pájaro.
Cual considerando.
Andar desnudo. Las heridas
cauterizadas por el aire.
Entre las plumas, disimuladas.
Cuerpo sin carga, movimiento.
Ser de vuelo. Ser

pájaro. Tener por límite tan sólo
la helada imprevista o la bala o

el ansia de la carne
por otra carne ajena…

Presagiando la urgencia de
las migraciones, Cual

Aleteo.

Un rumor
de horizonte en el pulso
batiendo.

CHANTAL MAILLARD

El país que traigo en el alma.
Es solo mío.
Entro en él sin pasaporte
Como en mi casa.
Sabe de mi tristeza
Y conoce mi soledad.
Me tranquiliza.
Me cubre con una piedra perfumada.
Los jardines florecen dentro de mí.
Y mis flores son inventadas.
Las calles, todas, me pertenecen
mas no hay casas en esas calles.
Todas fueron destruidas, allá, en mi infancia.
Sus habitantes deambulan en el espacio
Buscan un hogar.
Se instalan en mi alma.
Por eso sonrío
Aunque mi sol apenas brille.

Marc Chagall

O llore
Como una lluvia ligera
Por las noches.
Hubo un tiempo en que tenía dos cabezas.
Hubo un tiempo en que sus dos rostros
Fueron cubiertos por el rocío amoroso.
Se fundieron como el olor de una rosa.
Y Hoy, me parece
Que, aunque desande
sigo avanzando
hacia un pórtico alto
Detrás del cual se extienden muros
En los que duerme un trueno extinto
Y un relámpago despedazado.
Es sólo mío
El mundo que traigo en mi alma.

Exilio
A Raúl Gustavo Aguirre
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Alejandra Pizarnik

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

Migración
Todo el día una línea y otra línea,
un escuadrón de plumas,
un navío
palpitaba en el aire,
atravesaba
el pequeño infinito
de la ventana desde donde busco,
interrogo, trabajo, acecho, aguardo.

La torre de la arena
y el espacio marino
se unen allí, resuelven
el canto, el movimiento.

Encima se abre el cielo.

Entonces así fue: rectas, agudas,
palpitantes, pasaron
hacia dónde? Hacia el Norte, hacia el
Oeste,
hacia la claridad,
hacía la estrella,
hacia el peñón de soledad y sal
donde el mar desbarata sus relojes.

Era un ángulo de aves
dirigidas
aquella latitud de hierro y nieve
que avanzaba
sin tregua
en su camino rectilíneo:
era la devorante rectitud
de una flecha evidente,
los números del cielo que viajaban
a procrear formados
por imperioso amor y geometría.

Yo me empeñé en mirar hasta perder
los ojos y no he visto
sino el orden del vuelo,
la multitud del ala contra el viento:
vi la serenidad multiplicada
por aquel hemisferio transparente
cruzado por la oscura decisión
de aquellas aves en el firmamento.

No vi sino el camino.

Todo siguió celeste.

Pero en la muchedumbre de las aves
rectas a su destino
una bandada y otra dibujaban
victorias
triangulares
unidas por la voz de un solo vuelo,
por la unidad del fuego,
por la sangre,
por la sed, por el hambre,
por el frío,
por el precario día que lloraba
antes de ser tragado por la noche,
por la erótica urgencia de la vida:
la unidad de los pájaros
volaba

Pablo Neruda

hacia las desdentadas costas negras,
peñascos muertos, islas amarillas,
donde el sol dura más que su jornada
y en el cálido mar se desarrolla
el pabellón plural de las sardinas.

En la piedra asaltada
por los pájaros
se adelantó el secreto:
piedra, humedad, estiércol, soledad,
fermentarán y bajo el sol sangriento
nacerán arenosas criaturas
que alguna vez regresarán volando
hacia la huracanada luz del frío,
hacia los pies antárticos de Chile.

Ahora cruzan, pueblan la distancia
moviendo apenas en la luz las alas
como si en un latido las unieran,

vuelan sin desprenderse

del cuerpo

migratorio
que en tierra se divide
y se dispersa.

Sobre el agua, en el aire,
el ave innumerable va volando,
la embarcación es una,
la nave transparente
construye la unidad con tantas alas,
con tantos ojos hacia el mar abiertos
que es una sola paz la que atraviesa
y sólo un ala inmensa se desplaza.

Ave del mar, espuma migratoria,
ala del Sur, del Norte, ala de ola,
racimo desplegado por el vuelo,
multiplicado corazón hambriento,
llegarás, ave grande, a desgranar
el collar de los huevos delicados
que empolla el viento y nutren las arenas
hasta que un nuevo vuelo multiplica
otra vez vida, muerte, desarrollo,
gritos mojados, caluroso estiércol,
y otra vez a nacer, a partir, lejos
del páramo y hacia otro páramo.

Lejos
de aquel silencio, huid, aves del frío
hacia un vasto silencio rocalloso
y desde el nido hasta el errante número,
flechas del mar, dejadme
la húmeda gloria del transcurso,
la permanencia insigne de las plumas
que nacen, mueren, duran y palpitan
creando pez a pez su larga espada,
crueldad contra crueldad la propia luz
y a contraviento y contramar, la vida.